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El momento

Suspensiín de LeBron James ante la defensa del alemán Nowitzki./Getty Images

Una experiencia traumática puede determinar las posteriores acciones y decisiones de una persona. Para bien o para mal. Se transforma en una lección que roza la excelencia o puede degradarse hasta tal punto que se convierta en una losa con un peso superior a las mil toneladas. Sólo hay dos opciones. Nadie se queda impasible ante situaciones extremas. Afectan para bien o para mal.

Desde este martes, dos de los mejores jugadores de los últimos años tendrán que demostrar si eligen el camino de la lección aprendida o de la losa ante el “remember” de su momento más traumático como hombres NBA. Las Finales son el escenario donde los Dioses se transforman en mortales o viceversa; sirven como la prueba definitiva si son hombres o niños. Dirk Nowitzki y Lebron James. Ambos vivieron experiencias traumáticas cuando fueron a la conquista del anillo. Los dos se iban a comer el mundo… y los dos acabaron vencidos. Ninguno pudo librarse de la derrota que le tenía preparada el destino y el poder ser campeón de la NBA se convirtió en el motor de su carrera. Pero para llegar a este momento, sus caminos han sido ligeramente distintos.

El alemán jugaba sus primeras Finales allá por el año 2006. Su rival eran los Heat pero a él le daba igual. Era su momento. Había liderado a los Mavs hacia el Olimpo de la NBA y quería lograr ser un dios con el anillo. Sus actuaciones fueron impecables. Siempre era él. Todo nacía y moría en Dirk. Cuando todo estaba a favor y la gloria era suya, algo pasó. Una remontada y Wade. Un momento traumático. Derrota y el resto de las Finales fueron un camino por el desierto (y sin brújula). Dirk vivió algo difícil de superar durante esos quince días. No pudo , o no supo, reaccionar. Los Mavs vieron desde primera fila cómo los Heat y Wade alcanzaban una gloria que llegaron a tener en sus manos.

Año 2007. Los Cavaliers se clasifican para las Finales liderados por un niño creído pero insultantemente impresionante: Lebron James. Un agitador juvenil con ademanes de superestrella y con el pecho inflado. Los Spurs eran sus rivales. Un equipo maduro y cuajado. Ante las exhibiciones de Lebron, ellos no levantaron ni una ceja. Dejaron que creyese que su camino hacia el anillo era fácil. El niño cayó en la trampa y sus virtudes quedaron anuladas por su mayor defecto. El ego. Paliza de los Spurs. Cuatro derrotas que se grabaron a fuego en la mente del niño Lebron. Un momento crucial en su carrera. Un golpe, un momento traumático, un aprendizaje…

Dirk ha tardado cinco años en recuperarse. Ha seguido jugando como los ángeles pero en los momentos que podrían considerarse similares a los de las Finales del 2006, el trauma ha vuelto a renacer. El alemán ha vivido anestesiado esos momento como diciendo ¿otra vez me va a pasar?. Lebron continuó su senda de gloria con las mismas virtudes y defectos. Sufrió golpes parecidos una y otra vez. Los “momentos” se repetían para él también. Sin embargo, ambos han superado sus miedos. Los dos han aprendido, por fin, de sus traumas. Han recuperado su lugar. Dicen que el tiempo te ayuda a tener mayor perspectiva de tus actos pasados y de tus traumas; dicen que el destino siempre te pone a prueba de nuevo. Bueno, pues el destino ha dictado que estos dos grandes se enfrenten por un anillo y por saber si sus “momentos” ya no serán de llanto sino de alegría. Siete partidos para demostrar que lo vivido ha servido para algo. Siete partidos para cambiar el destino.

@ICano14

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Fecha | 30.05.2011 10:55

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