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El regreso más esperado

Derrick Rose./ Getty Images

Corría el sábado 28 de abril de 2012. Primer partido de la primera ronda de playoff entre Chicago Bulls y Philadelphia 76ers. Falta poco más de un minuto para que termine el encuentro y los Bulls ganan de 12. Derrick Rose inicia una jugada desde medio campo, penetra hacia la canasta dejando a tres rivales atrás y en ese preciso instante… crack. El base cae al suelo y sus caras y gestos de dolor ya evidenciaban que aquello no era una lesión intrascendente. Pero ni los más pesimistas podían imaginar entonces que pasaría cerca de año y medio hasta volver a ver a la estrella de los Bulls en acción. El diagnóstico era claro: rotura en el ligamento anterior cruzado de su rodilla izquierda.

Posiblemente esos 525 días sin jugar han sido los más difíciles de la vida de Rose. 525 largos días de especulaciones en los que se convirtió en la comidilla de todos los aficionados de la NBA, de quienes tuvo que escuchar opiniones de todo tipo, especialmente a partir de que recibiera el alta médica en marzo. Debates interminables entre si no juega porque no quiere o porque no puede, si podría jugar y no lo hace o hace bien ya que siempre es mejor prevenir que curar. Polémicas propiciadas por algunas declaraciones del base que no ayudaban a rebajar la tensión, cuando él mismo reconoció era el momento de ser egoísta y de pensar en qué era lo mejor para él. Esto no agradó a muchos de los seguidores de los Bulls que le achacaban falta de motivación y de compromiso. Un año después de la fatídica lesión los rumores sobre la posible vuelta de Rose aumentaron. De nuevo en playoffs, cuando más le necesitaba el equipo, parecía que cada día iba a ser el día, pero partido tras partido el base sólo aparecía sobre el parquet enfundado en su traje, y el ansiado regreso no llegó.

Derrick Rose./ Getty Images

Pero han sido también 525 días en los que Rose ha podido convertirse en un jugador más fuerte, más rápido y más inteligente. Toda una temporada en blanco que le ha servido para ver más partidos, estudiar al rival y entender mejor el estilo de juego de su propio equipo. Muchos se preguntaban durante la temporada pasada si volveríamos a ver algún día al MVP del año anterior, pero ahora empieza a surgir una pretensión mayor: ver a un Rose incluso mejor, una versión mejorada del jugador. Si todo va según lo previsto, esta temporada volverá el Rose que todos queremos ver. El jugador veloz, relampagueante, imprevisible, capaz de sorprender al rival con su penetraciones, sus crossovers o sus pases imposibles.

El propio Rose espera volver al 110% de sus posibilidades. Tras un año en el dique seco la ambición del jugador ha crecido y ahora quiere demostrarlo sin importar quien se le ponga por delante, quizás con un afán excesivo, ya que como él mismo declaró aniquilaría hasta a su propia madre si se interpusiera en su camino. No quiero ni imaginarme la cara de la pobre señora Rose al leer las declaraciones de su hijo. El ansia nunca ha sido buena compañera de juego, y Rose corre el peligro de querer demostrar en poco tiempo todo lo que no pudo demostrar durante la temporada pasada. De momento ya hemos podido ver a Rose en el primer partido de pretemporada de los Bulls, con una buena actuación. Sin embargo, las alarmas volvieron a sonar en Chicago por una inflamación en la rodilla izquierda del jugador, lo que le impidió jugar contra Washington Wizards en Brasil. En principio nada grave, pura prevención, aunque no por ello dejó de formarse un nuevo ‘run run’ alrededor de su estado de forma.

Rose está llamado a ser el líder, el jugador encargado de llevar a Chicago hacia lo más alto. Todas las esperanzas de los seguidores de los Bulls están puestas en él. ‘D-Rose’ es uno de los jugadores que cualquier aficionado del buen baloncesto quiere ver sobre el parquet y no en la grada. Por eso existe un deseo común: que las lesiones le respeten. No hay que olvidar que antes de la rotura del ligamento anterior cruzado de su rodilla, ya se había perdido 20 partidos durante la temporada regular y jugó con molestias físicas en muchos otros. Una inquietud generalizada sobre su estado de forma va a acompañar al base de manera inevitable hasta que demuestre definitivamente que puede jugar al 100%, que ha vuelto y que lo ha hecho para quedarse. Que ha vuelto para marcar diferencias. Es decir, lo que se espera de él.

@luciavss

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Fecha | 17.10.2013 19:58

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