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El Rudy que conocíamos

Rudy Fernández./ Real Madrid

En este partido me he sentido muy a gusto y muy cómodo, unido al equipo y entendiendo a mis compañeros. Con estas palabras justificó Rudy Fernández los 28 puntos que acababa de firmar en la convincente victoria del Real Madrid sobre el Blancos de Rueda Valladolid en la tercera jornada de la Liga Endesa. Su brillante estadística en este encuentro, que le ha servido para ser elegido mejor jugador de la jornada, y sus declaraciones se pueden resumir con un único concepto: confianza.

Y es que ver al alero mallorquín con un 100% en tiros de dos (7/7), un 43% en triples (3/7) y un 71% en lanzamientos libres (5/7) es algo que nos retrotrae a 2008, año en el que Rudy disputó su última temporada en las filas del DKV Joventut antes de emprender su aventura americana con los Portland Trail Blazers.

En estos tres años hemos visto a un Rudy distinto en la NBA. Un jugador que ha tenido que adaptarse a los requisitos de una competición diferente y a las decisiones de un técnico, Nate McMillan, con el que no siempre es fácil estar en sintonía, algo que también pudo comprobar -y de qué forma- el compañero del balear en los Blazers y ahora en el Real Madrid, Sergio Rodríguez.

La historia del jugador que es cabeza de ratón en Europa y cola de león en la NBA se reedita intermitentemente y, de alguna manera, sigue manifestando una desconfianza latente hacia lo que viene de fuera por parte de los técnicos estadounidenses, especialmente en las posiciones exteriores. Si a eso le sumamos el obstáculo de las jerarquías en las plantillas, donde el jugador franquicia –léase Brandon Roy en el caso de los Blazers- es intocable para su entrenador, nos encontramos con un panorama cuanto menos complicado para quien quiere hacer carrera en la mejor liga del mundo.

Actualmente contamos con notables excepciones como los hermanos Gasol, Dirk Nowitzki o Tony Parker, líderes en sus equipos y figuras en la liga. Sin embargo, cuando rebajamos los centímetros del jugador exportado, las dudas salen a flote y nos preguntamos si es la calidad o el pasaporte lo que más pesa a la hora de asignar los diferentes roles dentro de una plantilla.

Juan Carlos Navarro probó suerte con los Memphis Grizzlies y, aunque dejó sobradas muestras de su talento, no se sintió cómodo con su papel en el equipo y decidió regresar a Barcelona para dominar en Europa y seguir engordando un palmarés que cualquier día va a reventar por falta de espacio. ¿No vale Navarro para la NBA? Seguramente vale lo mismo que para el baloncesto FIBA pero las reglas del negocio evitan que pueda brillar allí de igual manera.

Tal vez sean el croata Toni Kukoc o el argentino Manu Ginobili excepciones que confirman la regla no escrita de que los grandes anotadores procedentes de ligas europeas lo tienen crudo para brillar de igual manera en la NBA. Lo vimos ya hace dos décadas con el calvario que pasó Drazen Petrovic para conseguir mostrar en la liga lo que ya nos había asombrado en Europa y lo sentimos en fugaces viajes de ida y vuelta como el del serbio Sasha Djordjevic a Portland.

Rudy se ha reencontrado con su mejor versión en este nuevo Real Madrid y cuando termine el “lockout” tendrá la oportunidad de hacer una nueva apuesta en esa ruleta que a veces es la NBA. Será nada más y nada menos que en las filas de los vigentes campeones, los Dallas Mavericks, y junto a un cabeza de león como Nowitzki. Si allí no se siente “muy a gusto y muy cómodo” podrá regresar a Madrid con el orgullo intacto para ser el jugador que él quiera ser y regalarnos actuaciones tan destacables como la de Valladolid.

@marcrampas

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Fecha | 17.10.2011 12:51

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