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En Boston juegan seis

TD Garden./ Getty Images

Si hay un pabellón, al menos de las que yo conozco, en la NBA donde aquello del factor cancha cobra verdadero sentido, ese es el TD Garden de Boston. Cuando los Celtics juegan en casa lo hacen con los cinco hombres que ponen sobre el parquet y el público. Cinco jugadores y un sexto aliado compuesto por 14.890 gargantas despreocupadas de la afonía postpartido y que empujan a su equipo en cada posesión, tanto guiándolo hacia el aro como arengándolo en defensa. Una olla a presión que puede explotar en cualquier momento y que siempre lo hace para favorecer al conjunto local. Parte del orgullo verde que los Celtics han hecho mundialmente famoso.

Los fantasmas del Garden atormentaron a los Lakers allá por los años 80, cuando los de Los Angeles eren sempiternos aspirantes al anillo de campeones de la NBA. En la actualidad no hacen falta miedos externos, ya que la grada en sí misma ya asusta a los visitantes. Para nadie es fácil jugar en Boston y ningún jugador se encuentra cómodo sobre el barnizado parquet del TD Garden. Si te llamas LeBron James o Kobe Bryant y ves incontables camisetas verdes en la grada con la leyenda “LeBron is a bitch” o “Kobe sucks”, mucho menos. El término ambiente hostil se multiplica por mil cuando se hace referencia a la ciudad del trébol.

Fans Boston Celtics./ Getty Images

Tras la victoria de los Celtcis en el cuarto partido de las Finales de Conferencia, el entrenador Doc Rivers fue preguntado si en algún momento vio que el último tiro de Dwyane Wade que podría haber hecho que ganase Miami tenía alguna posibilidad de entrar. El técnico respondió sin dudarlo con un elocuente “no, no aquí en el Garden”. Todos los jugadores que atienden a los medios son objeto de alguna cuestión sobre la grada de Boston y todos coinciden en que como los fans de los Celtcis no hay otros. Kevin Garnett se refirió a la sensación de jugar ante la hinchada del TD Garden como algo similar a tomar una ducha caliente y acto seguido una helada, en referencia a los altibajos que sufre el cuerpo de cada uno cuando está en la pista y recibe el calor del público, para después asegurar que no ha jugado en ninguna pista con un ambiente como la suya. Paul Pierce y Ray Allen coinciden con el ala-pívot e igualmente el resto de la plantilla.

El Boston Garden es el verdadero sexto hombre de unos Celtics que tienen un extra de confianza en su propio feudo. Los Miami Heat lo han podido comprobar en los dos partidos que han disputado allí en estas Finales de la Conferencia Este (uno de ellos con prórroga incluida). Los gritos, la música celta, los bailes, el anciano de la americana de pana, la mujer mayor con sus bailes del siglo pasado, los tatuajes, los tréboles por doquier, las banderolas de los títulos y los números retirados, la firma de Red Auerbach en el suelo, el verde omnipresente, el Gino… Todo, absolutamente todo está en contra del rival. Hacer frente a esta presión es algo a la altura de muy pocos. ¿Podrán LeBron, Wade y los Heat conseguirlo? De ellos depende el acierto o no de esta columna de opinión de un enamorado del Boston Garden (que no fan de los Celtics).

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 06.06.2012 08:08

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