Miami Heat

En busca de la gloria

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LeBron James./ Getty Images

Casi cuatro años después de la formación del carismático Big Three, Miami Heat van a disputar sus cuartas Finales de la NBA consecutivas. El camino nunca ha sido fácil. A pesar del ínfimo nivel de la Conferencia Este, especialmente en estos dos últimos años, el mérito del Heat es incuestionable. En la peor temporada a nivel de sensaciones y juego desde la llegada de LeBron James y Chrish Bosh, se puede afirmar sin temor a equivocarse que el Heat han llegado a las Finales jugando a medio gas. Sin forzar mucho la máquina y con soluciones desde el banquillo, donde Erik Spoelstra ha vuelto a ser muy superior desde el plano táctico a Frank Vogel, el único momento crítico fue el 1-0 en Indiana ante unos desconocidos Indiana Pacers.

La imagen de la serie, dejando a un lado la sana rivalidad entre Lance Stephenson y LeBron, ha sido ver a Greg Oden levantar el trofeo que acredita a Miami como campeón de la Conferencia Este. Un bonito gesto de la franquicia con un jugador que ha vivido un auténtico calvario estos últimos años. Y es con Oden donde está el origen de una rivalidad anclada en el camino. Aunque fue fichado con la misión de frenar a Roy Hibbert en estas Finales de Conferencia, ninguno de los dos jugadores ha tenido relevancia en la serie. El acierto de Bosh desde el perímetro fue clave para alejar a Hibbert de la zona y, a raíz de ello, permitir a LeBron y Dwyane Wade finalizar en la pintura con mucha facilidad.

Las pinceladas de Chris Andersen y un sorprendente Rashard Lewis sumaron para los de Florida. Por parte de Indiana, el pobre rendimiento de Hibbert y George Hill fue un lastre importante ante un equipo de este calibre. Larry Bird y Vogel deberían responder por la pérdida de química y el fiasco en las contrataciones de Evan Turner y Andrew Bynum. David West y Paul George (insuficiente en el ‘Game 6’) son los únicos que han dado la cara en todo momento. Pero, como reconocía Vogel al término de la serie, han jugado contra el equipo de LeBron, que equivale a los Chicago Bulls de Michael Jordan. Aunque la comparativa es exagerada, James quiere volver a reinar y hacer historia con un hipotético Three-peat.

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