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Fiebre del sábado noche

Jason Terry./ Getty

Tras el cierre del mercado de traspasos y con la sensación de que el “mucho ruido y pocas nueces” ha sido, de nuevo, el resumen perfecto, la liga prosigue su senda intensa y excesivamente fatiga hacia los Playoffs. Porque ya los tenemos a la vuelta de la esquina. Con todos esos “movimientos” ya tenemos a varios equipos mirando el calendario y a los jugadores reservando vuelos de cara a sus vacaciones adelantadas. Ya no hay objetivos para algunos. Eso no ayuda en nada a que disfrutemos de muy buenos partidos cuando en la pista tenemos a uno de esos equipos. Cuando hay dos ya ni les cuento. El Jazz-Warriors es el mejor ejemplo. El hecho de que la prórroga aparezca en un partido no quiere decir que sea sinónimo de un gran espectáculo.

Sin embargo, cuando chocan dos equipos a los que les queda mucho por jugar y cada posesión es su vida provoca que el baloncesto se vuelve agresivo, dinámico y digno de amar. Los Knicks, sin los gestos mediáticos de D’Antoni y con los jugadores liberados de su discurso, se pusieron a jugar. Tercera victoria consecutiva desde que se fue. Los Pacers no pudieron contener a Carmelo, Stoudamire y Lin. Todos jugaron para ganar. Todos jugaron como un equipo y Woodson está repitiendo la misma labor que ya hizo en los Hawks: controlar el vestuario, ofrecer satisfacciones a todos y ganar partidos. Otra cosa es que triunfe en los momentos clave pero esa tensión que provocaba D’Antoni ha desaparecido.

Que los Mavs ganen a los Spurs demuestra que este equipo se mueve por impulsos. La mala asimilación de haber estado en lo alto de la montaña provoca que la plantilla de Carlisle no juegue de la misma manera frente a los Jazz que ante los Spurs. Un mal que suelen tener los equipo que “mueren de éxito”. Siempre ha pasado y siempre pasará. Una vez te contagias, la cura es compleja de encontrar.

La filarmónica de Denver intenta demostrar que el conjunto siempre estará por encima del individuo. George Karl ganó una batalla a Doc Rivers. Dos de los mejores entrenadores de la liga nos dejaron un duelo de inteligencia y rapidez que asombra al que lo ve desde fuera. La capacidad de cambiar el rumbo de un partido con dos frases en un tiempo muerto sólo están al alcance de privilegiados. Los jugadores que viven estas órdenes asimilan ese privilegio y van hasta el final por su técnico.

@ICano14

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Fecha | 15.03.2012 06:39

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