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Hipocresía en el baloncesto: pasaportes, cupos y equipos nacionales

JaVale McGee./ Getty

En los últimos días, importantes medios de todo el mundo se han hecho eco de la posibilidad de que Javale McGee, actual jugador de los Denver Nuggets, obtenga la nacionalidad filipina. Se sumaría a la infinita lista de jugadores, generalmente de origen americano, que obtienen el pasaporte de otro país en vistas a jugar con la selección de turno. En este caso, el peculiar jugador de los Nuggets ya había viajado el año pasado a las islas del Pacífico para realizar una serie de actos promocionales y entonces ya se especuló con esta posibilidad. Cabe recordar que Filipinas es uno de los países asiáticos donde el baloncesto tiene mayor éxito. Conseguir que un jugador NBA acabe jugando para ellos sería un reclamo más para éste deporte en la antigua colonia española.

Este caso no difiere en exceso a los últimos que se han dado en Europa en la última década. Se ha convertido en una práctica habitual el naturalizar jugadores extranjeros que desemboca en una triple vertiente:

Clubes: Desvirtúan el marco de competición. Saltan los antiguos cupos nacionales de las respectivas ligas y consiguen mayor margen de maniobra a la de confeccionar plantillas
Selecciones: Encuentran en el jugador extranjero lo que en ese momento no tienen en casa.
Jugadores: Ven aumentado su caché al ocupar posición de comunitario/cupo a cambio de aceptar la nacionalidad de otro país y jugar (no siempre) con la selección correspondiente los torneos de verano.

Dicho así parece un negocio perfecto. Todos salían beneficiados, pero de un tiempo a esta parte el sentido del juego ha cambiado y ha hecho que se dé lugar a uno de los espectáculos más bochornosos de la historia de este deporte.

Al principio de esta historia, los equipos y selecciones que se veían beneficiados de las nacionalizaciones siempre eran las de competiciones grandes y federaciones importates, con España e Italia a la cabeza, seguidos de otras como Alemania, Rusia, Grecia… Sin embargo, a raíz de unos cuantas nacionalizaciones fraudulentas los requisitos y atención a estas nacionalizaciones aumentaron. Con la aparición del concepto de “Europeo FIBA” y “Trabajador de la Comunidad Económica Europea”, ahora son los pequeños y menos desarrollados países de Europa y África los que están ejerciendo de motor Los que se llevan la palma son los países del Este de Europa con Georgia a la cabeza (Pachulia, Shammond Williams, Taurean Green, Marquez Haynes, Vladimir Boisa), Azerbayan (Spencer Nelson, Jaycee Carroll, Nick Caner Medley…), Montenegro (Omar Cook), Macedonia (Bo McCaleb), Bulgaria (EJ Rowland, Ear Calloway, Cedric Simmons… ), sin olvidar a otros lugares como el Congo que cuentan en sus filas con un rubio americano que estudió en Princeton como CJ Wallace.

Lo que llama la atención de este hecho, aparte de lo habitual en que se ha convertido, es lo sospechosamente fácil que resulta conseguir el pasaporte de uno de estos países. La gran mayoría de jugadores nacionalizados no saben ni donde queda el país para el que van a jugar. Hay casos como el de Omar Thomas, de origen americano y máximo anotador de la LEGA, jugó con un pasaporte esloveno falso que inmediatamente se le fue retirado. Diversas federaciones y asociaciones han alertado de ésta posibilidad como bien indica Jose Luis Llorente, presidente de la ABP en esta entrevista.

Este caso tampoco ha dejado indiferente a la prensa española, que tiende bastante a ciertos intereses, se ha escandalizado y ha denunciado cualquier nacionalización como un acto delictivo permitido por la ACB.

Dentro de esta historia, no deja de sorprenderme el papel de la FEB. Dentro de este conflicto realiza un juego a dos bandas: por un lado se muestra muy crítico con el jugador nacionalizado, intentando proteger al español, promocionándole y fomentando su presencia a primer nivel nacional (luego las competiciones inferiores están plagadas de extranjeros y sin regular). Por otro lado, tenemos a una Selección Española con dos jugadores que podrían estar en selecciones que nacionalizan jugadores: Serge Ibaka (congolés como CJ Wallace) o Nikola Mirotic (montenegrino, al igual que Omar Cook). Además, insisten en la posibildad de usar a ambos a la vez y así saltar el límite impuesto por la FIBA de 1 nacionalizado por competición.

El argumento que se usa para defender la presencia de estos jugadores en España es que han jugado desde muy jóvenes en España y tienen una relación con el baloncesto de aquí que quieren agradecer participando en el equipo nacional. Hasta ahí todo me parece correcto. Sin embargo, ¿qué hacemos con estos países que ven como nacinalizan a sus jugadores? ¿Alguien se imagina a un jugador español yendo con 16 años a Montenegro a jugar para desarrollar su juego como hizo Mirotic cuando vino a España? ¿Alguien se ha parado a pensar en el agravio comparativo que supone esto para las selecciones de menor nivel?

Es obvio que en estos países puede existir una mano negra con otros objetivos, pero parece que las nacionalizaciones express suelen responder a motivos deportivos: conseguir lo que no tienes en casa. Igualito que lo que llevamos haciendo años aquí, desde Wayne Brabender, hasta Serge Ibaka, pasando por los Mike Smith, Chuck Kornegay, Chechu Biriukov o Johny Rogers.

La solución para este problema es bastante drástica y sencilla, que no sé hasta que punto estaría dentro de lo legal en según que casos:

Selecciones: Eliminar la carta de naturaleza como criterio para poder participar en las competiciones.
Clubes: Mercado libre. No hay necesidad de nacionalizar a nadie porque no hay ningún tipo de cupo que cumplir.

@encasrod

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Fecha | 19.05.2012 15:14

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