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Imperial Nowitzki

Penúltima posesión para Dallas Mavericks con un punto arriba para los tejanos. Es el momento de las sequedades de garganta, carraspeos varios y temblores de piernas. Tiempo muerto en el American Airlines Center. Todas las miradas se centran en un hombre. A falta de veinte segundos, el alemán Dirk Nowitzki asume su rol de líder de equipo para finiquitar el cuarto partido de la serie. Uno contra uno del teutón culminado con una bandeja mágica que deja a los locales tres puntos por encima de los Heat. El posterior intercambio de puntos no hace sino certificar el triunfo de Dallas. Eliminatoria empatada a dos y todo por decidir. Enésima obra de arte del jugador bávaro que provoca el grito contenido en la sala de estar de más de un hogar europeo a altas horas de la madrugada.

Y todo esto pese a la alta fiebre que llena de escalofríos el larguísimo cuerpo de Dirk durante todo eldía. Incluso se pierde la sesión de tiro matinal de rigor. Alguno, como el analista Sekou Smith, compara esta situación con la vivida por Michael Jordan en el quinto partido de la serie final ante Utah Jazz del 97. En esa ocasión Jordan acabó el partido exhausto, en los brazos de su fiel escudero Pippen. Tras el partido, el propio Nowitzki quita hierro al asunto: “Es solo una pequeña infección. Afortunadamente dormiré algo y tomaré medicinas y estaré listo para el partido del jueves”. Esta vez, el alemán sonríe tras quitarse, eso sí, el protector bucal. Quizá el dolor en su dedo corazón de la mano izquierda se ha atenuado. Quizá.

Dirk Nowitzki (#41 Dallas Mavericks) frente a Udonis Haslem (#40 Miami Heat)./ Getty Images

Su entrenador, Rick Carlisle, lo tiene claro: “Es uno de los más grandes. Quiere el balón, le gusta la responsabilidad de jugarse el partido”. La jugada de marras es una lección magistral, de clinic. Excelencia técnica dentro del repertorio inagotable del jugador de Wurzburgo. ¿Cuántos conejos quedan en la chistera del germano? En Dallas suspiran con al menos dos más ante Miami. Hay jugadores buenos, malos, regulares, muy buenos, excelentes… pero solo unos pocos están llamados a decidir con su talento en las grandes citas y en los momentos donde la bola quema más. Dirk es uno de ellos. Ingeniería alemana al servicio del buen baloncesto, del baloncesto talentoso, técnico, creativo y hasta vistoso. Imperial Nowitzki. Lástima que su compatriota Cornelia Prüfer-Storcks carezca de ese talento…

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Fecha | 08.06.2011 17:45

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