Houston Rockets

El monólogo de James Harden 

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James Harden Houston Rockets

La dependencia, por definición, es un límite. Cuando sólo conoces una vía de escape, tu salida es más previsible, y por lo tanto, tienes más posibilidades de quedarte encerrado. Lo mismo ocurre en Houston. Pocos equipos necesitan tanto de un jugador como Houston Rockets de James Harden. Los números hablan por sí solos.

Casi tres meses después del cambio de entrenador, la realidad es clara: Kevin McHale tal vez no era la solución, pero tampoco la raíz del problema. No es cuestión de calidad, sino de estructura. J.B. Bickerstaff se hizo cargo de un grupo cuya estrella monopoliza el juego, y que al mismo tiempo, es el único capaz de generar con el balón en las manos. Ensombrecido por su dejadez defensiva, James Harden es la única fuente creativa de los texanos. Se le pide anotación, liderazgo, ingenio y eficacia. Todo a la vez y al máximo nivel. Su respuesta roza la de un extraterrestre, pero también, la de un capitán sin tripulantes. Sin embargo, ellos no tienen la culpa, no se les puede pedir lo que nunca fueron.

Ni Patrick Beverley, ni Trevor Ariza, ni Dwight Howard. No es que no sean capaces de distribuir juego, sino que ni siquiera son buenos pasadores. La norma se mantiene con el resto del equipo. Sin excepciones. Veteranía, especialistas defensivos, buenos atletas, tiradores, una referencia interior…El plantel de Houston Rockets abarca todo tipo de facetas, menos la más básica: hacer mover el balón. Algo tan elemental como complejo que deja a un equipo sin esencia.

El problema no viene de ahora, pero sí lo habían disimulado. ¿Cómo? Cohesión, equilibrio y disciplina. De todo aquello que consiguió consolidar McHale el año pasado, sólo quedan cenizas. Si bien se apostó por la continuidad, todo ese entendimiento se desvaneció en cuanto las victorias no llegaron como de costumbre.  Un mal inicio de temporada expuso la fragilidad mental de un equipo que además, se ha olvidado de su identidad defensiva. “Estamos rotos”, J.B. Bickerstaff no lo pudo expresar mejor.

Las miradas apuntan a un Dwight Howard cuya estrella ha dejado de relucir a la par que su dominio ha quedado en el olvido. En los despachos buscarán soluciones, pero la indiferencia seguirá en la cancha. El proyecto está en juego, y con la aparición de nuevos candidatos, la partida por los playoffs deja más dudas que certezas. Y es que hoy por hoy, Houston Rockets juega a una carta.

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