Finales 2014

Justicia poética

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San Antonio Spurs./ Getty Images

“Este fallo me perseguirá toda la vida”, comentó Tim Duncan en la rueda de prensa post partido tras el séptimo encuentro de Las Finales de 2013. Pocos entonces podíamos pensar en que un equipo desgastado por la edad y la frustración de una derrota tan cruel podría exprimir tanto su experiencia y redirigir su ira para reinventarse y redimirse con la consecución de un anillo que sabe a redención literaria. Hace un año, Miami Heat logró imponerse con brillantez en una de las Finales más igualadas de la historia. Una plantilla construida a base de tres estrellas mediáticas cuya historia es de sobra conocida y que pareció terminar con la última oportunidad de los San Antonio Spurs. Ciento cinco encuentros más tarde, los texanos han transformado las lágrimas y los lamentos por sonrisas, demostrando que un gran fracaso puede encerrar la clave de un éxito mayor.

Los Spurs son una franquicia que dignifica tanto la competición como la filosofía de la NBA. Hecho difícil de creer si tenemos en cuenta el escaso éxito de marketing de un mercado tan pequeño o el que son el equipo que menos alley-oops convierte por partido. Esos highlights los sustituyeron por el trabajo de unos ojeadores que conformaron un EQUIPO que giraba en torno a una estrella de la Liga, combinado con elecciones de final de primera ronda. Un conjunto con nueve jugadores nacidos lejos de los Estados Unidos reclutados y reciclados al servicio del grupo. Ese baloncesto coral basado en el movimiento rápido de balón ha sido el exponente de su quinto anillo, pero dista bastante del conseguido en 1999 cuando otro almirante comandaba la base. Es el título que encumbra a una dinastía darwiniana. Una franquicia con una capacidad de adaptación desmedida, que superó un lockout con el ‘título del asterisco’, que elaboró un big-three desde el draft y el trabajo de banquillo, que mantuvo su filosofía en el tiempo, que se adaptó a corrientes de juego como el smallball y que fue capaz de huir del juego agresivo y defensivo para ser el exponente del polo opuesto. Un brillante baloncesto coral donde el bote cede el protagonismo al pase extra y obtiene como fruto no sólo títulos, sino la admiración del mundo del baloncesto.

Tres décadas y un mismo líder: Tim Duncan. El corazón de una ciudad que, latido a latido, ha ajustado su rol y su presencia en la franquicia (tanto en la pista como en el valor de su contrato) en función del bien colectivo. Además de los Tony Parker, Manu Ginobili y compañía, no hay que olvidarse de Gregg Popovich y R.C. Buford, los dos hemisferios del cerebro texano, tan culpables del éxito como los que se visten de corto cada noche.

Por último, y lejos del back-to-back o del threepeat, sólo un deseo: no os vayáis ahora. No abandonéis en la cumbre. Sorprended e inspirad otra vez. Permitidnos disfrutar una temporada más, dos, las que sean que vuestro físico y corazón quieran y puedan dedicar al deporte que habéis dignificado y coronado esta temporada.

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