Oklahoma City Thunder

Durant: el jugador del futuro

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Kevin Durant./Getty

No soy nada original si digo que en Portland todavía tienen que estar tirándose de los pelos (¿le queda pelo a la gente de la franquicia de Oregón?) por haber dejado escapar a Kevin Durant. Acabó en Seattle, justo el verano que salía de allí Ray Allen, la estrella del equipo. Desgraciadamente para los aficionados de los Sonics, el disfrute de Durant, llamado a llevar a unas de las franquicias históricas de la liga a lo más alto, apenas duró una temporada. En 2008 voló a Oklahoma City junto a todo el equipo, dejando huérfana del mejor baloncesto una de las plazas históricas de la NBA.

Pero volvamos a Durant. Todos estaremos de acuerdo en que el baloncesto cambia con el paso del tiempo. El juego presenta diferencias con el de hace unas décadas. Ha evolucionado. Y esa evolución es consecuencia de la evolución de los jugadores. Derrick Rose, LeBron James, Blake Griffin o el propio Durant son especímenes difíciles de imaginar hace unas décadas. Imaginemos un baloncesto en el que los pívots actúan como aleros; los aleros tienen cuerpo de pívots y manejan el balón como los bases; y los bases se cuelgan del aro casi más que los interiores. Pues dejen de imaginar. Ese baloncesto ya está aquí y Kevin Durant es uno de sus referentes.

El alero nacido en Washington DC ha ido quemando etapas a gran velocidad. Todavía no ha cumplido 23 años y ya está en el Olimpo de los mejores y más decisivos jugadores de la liga. Ha llevado a la joven (en todos los sentidos) franquicia de Oklahoma City Thunder a una final de conferencia. Solo un tal Dirk Nowitzki impidió que se plantaran en la final.

Físicamente, Durant llama la atención por dos razones. La primera son sus dimensiones: más alto que muchos pívots, pero más coordinado que muchos jugadores más bajos que él. Con sus 2,25 m de envergadura, no hay rincón de la pista que se le resista. Por otra parte, su, porque no decirlo, escasa musculatura si la comparamos con otros jugadores de la liga, puede llevar a engaño. Durant lleva dominando cualquier competición por la que ha pasado desde estaba en el instituto.

Durant te mata de fuera si le dejas un metro y te gana por velocidad si te pegas demasiado a él. A campo abierto, con sus extremidades a pleno funcionamiento, el alero tirillas se convierte en una apisonadora para sus rivales. Y todavía no ha alcanzado su cénit. La mejora de su juego de espaldas al aro debe ser el siguiente aspecto a mejorar.

Tras su aspecto de niño bueno se esconde un competidor como hay pocos en la NBA. Durant es un asesino en serie, cuyo hábitat natural son las canchas de la liga norteamericana y sus víctimas preferidas… Bueno, no tiene. Le da igual que esté enfrente Ron Artest, LeBron James o Carmelo Anthony. Qué se preocupen ellos. La competitividad y las ganas de jugar han construido al Kevin Durant jugador de baloncesto. Le da igual que sea un partido de high school, de la NCAA con Texas, de la NBA, del Mundial de Turquía o una cancha de asfalto en Nueva York.

That’s where I built up a lot of traits of my game — toughness, competitive nature, heart. A lot of those different things I built playing streetball. You know, going to the hole outside, you gotta build that toughness because you don’t want to get knocked down. It hurts. I always want to win because I never want to sit out on the sidelines outside.

El paso de Durant por los torneos callejeros de la capital del mundo hace unos días es el mayor ejemplo de su amor por el juego. El Rucker Park fue testigo de una actuación impresionante, fuera de alcance de la inmensa mayoría de jugadores. De paso, nos permitió ver el lado canalla y respondón del jugador de los Thunder, ese que muchos aficionados todavía desconocen. Estamos ante un jugador llagado a la liga para mostrarnos lo que nos vamos a encontrar dentro de unos años.

Aquí tienes las mejores fotografías (Getty) de Kevin Durant.

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