Lockout

Kevin Durant se doctora en el Rucker Park con 66 puntos

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Kevin Durant en plena finta ante un defensor en el Rucker Park./ Antonio Gil

Advertencia: Si antes de leer este texto lo primero que te viene a la cabeza es la palabra “pachanga”, “partidillo” o derivados te ofrecemos la posibilidad de que no sigas leyendo. Cualquier parecido con ese tipo de calificativos está muy lejos de la realidad de lo que es el streetball y torneos veraniegos como el Entertainer’s Basketball Classic en el Rucker Park y similares. Atentamente, el redactor.

Si hay un jugador que está on fire durante el lockout de la NBA, ese es Kevin Durant. El alero de los Oklahoma City Thunder ha jugado en ligas estivales tan potentes como la Goodman League (Washington DC) o la Drew League (Los Angeles), con viaje a Asia como parte de unos partidos de exhibición entre jugadores de la NBA. Pues bien, el día 1 de agosto de 2011 KD fue un paso más allá y se doctoró en lo que a streetball se refiere ofreciendo toda una exhibición en el mítico y legendario Rucker Park de Harlem. Dicen que no puedes decir que juegas al baloncesto y mucho menos al streetball si no lo has hecho en el playground emplazado en la 155th Street y la 8ª Avenida… pues Durant puede decirlo entonces bien alto. Puede gritarlo a los cuatro vientos. El máximo anotador de la regular season en la NBA dio todo un clinic de anotación y dejó su nombre marcado en letras de oro en la historia del Rucker Park y el Entertainer’s Basketball Classic (EBC) con una exhibición de 66 puntos.

Los equipos de DC Power y Sean Bell’s All Stars se jugaban su clasificación para los play offs del EBC y los chicos de la capital de Estados Unidos tenían un as en la manga. A media mañana me llegaba al móvil un mensaje del comisionado del torneo diciendo que Kevin Durant jugaría en el Rucker Park por la tarde. Aproximadamente una hora después el propio Twitter del EBC lo hacía oficial. La expectación, el hype de la noticia y las “ganas de marcha” del público neoyorquino hicieron el resto para que el mítico parque luciera un lleno absoluto, como en los viejos tiempos. Esa tarde ya no importaba si el torneo llevaba unos años de capa caída o si había mejores plazas en las que torear y a las que asistir en toda la ciudad. Uno de los grandes de la NBA se desplazaba a Harlem y traía consigo un claro ejemplo del mejor baloncesto del mundo.

Kevin Durant llegó al Rucker con mucho tiempo de antelación. Acompañado de su inseparable mochila, KD se sentó en un cómodo sillón en primera fila del Rucker reservado para las grandes celebridades. Saludo de rigor con el comisionado Greg Marius, fotos con niños y no tan niños, autógrafos y a disfrutar del primer partido de la tarde, donde jugaba otro NBA como Sundiata “Yatta” Gaines. En el momento que el speaker de turno anunció eso de “Next two teams, please get dress”, Durant se fue a la parte trasera de una de las gradas con el resto del equipo y volvió vestido con su uniforme naranja de DC Power. En ese momento ya estaba todo el mundo en un Rucker Park donde no cabía un alfiler. Los raperos Fat Joe y Oun-P (Ooh Way Records), leyendas del streetball como Kareem “The Best Kept Secret” Reid, Darren “DP” Phillip y Corey “Homicide” Williams, jóvenes promesas (realidades) del basket de asfalto neoyorquino como Mike Glover o Brian Kortovich… Nadie se quería perder lo que estaba por venir… y no tardó en empezar.

El dibujo de la situación era el perfecto para el lucimiento de Kevin Durant, y así fue. En su equipo toda una leyenda de la Gran Manzana como Malloy “Future” Nesmith y un showman como Randy “White Chocolate” Gill. En el rival, todo un equipo bien ensamblado y que se conoce desde hace años con la ayuda del jugador de los Chicago Bulls John Lucas, el MVP de la pasada temporada en la liga australiana Gary Ervin y el veterano BJ “The Beast” McFarland. Todos ellos hacían de cualquier parecido con un partidillo entre amigos pura casualidad y cualquier calificativo de “pachanga” una auténtica muestra de ignorancia baloncestística.

Durant jugó el partido entero y pidió el balón desde el primer momento. Quería dejar huella en Harlem y, a pesar de errar sus tres primeros tiros, pronto empezó a hacerlo. Después de anotar una canasta fácil, KD destrozó el aro con un mate espectacular y dejó escapar un grito de desahogo que resonó en todo el Rucker Park. Se había desatado la bestia. A partir de ese momento, me niego a creer eso de que el jugador de los Thunder es ese chico nice y polite que trata de vendernos la NBA. Durant fue un auténtico animal sediento de gloria en Harlem. Entró a todos los one on one que le fueron surgiendo a lo largo de la noche, sacó a relucir todo un repertorio de trash talk y “charló” con jugadores rivales y con el entrenador enemigo sin ningún tipo de tapujos, celebró sus canastas cuando el público hacía lo propio y desplegó su swagger más de barrio sin pudor alguno. El verdadero Kevin Durant deleitó a todos los presentes en aquella noche de EBC como hacía mucho tiempo (quizás desde la visita el verano anterior de Brandon Jennings) que no lo hacía un jugador NBA. Y si deleitar significa estar a punto de romper el récord de anotación histórico del EBC, “Durantula” lo hizo y bien.

A base de triples, contraataques, entradas a canasta y descomunales mates, KD se marchó, como quien no quiera la cosa, hasta los 66 puntos en un partido de cuatro cuartos de 10 minutos y reloj de posesión de 24 segundos (reglas NBA para el resto de aspectos del juego). Haciendo bailar a su defensor antes de tirar, salvando dobles y triples marcajes… No había forma alguna de que los hombres de Sean Bell’s All Stars frenasen al genio de los Thunder. Durant anotaba con una facilidad insultante y se metía al público en el bolsillo con una sucesión de triples que provocaron la locura en el Rucker Park. Cuatro triples consecutivos (jugada tras jugada) hicieron que la cancha del playground neoyorquino desapareciese bajo los pies de docenas de aficionados que invadieron la pista para celebrar junto al NBA el cuatro triple seguido. El primero fue casi en solitario, el segundo con un hombre encima, el tercero un pasito más atrás y el cuarto desde la diagonal y fácilmente nueve metros de distancia de la canasta rival. La explosión de júbilo estaba más que justificada.

Con 66 puntos y algo más de 40 segundos para el bocinazo final, KD lo tenía todo en bandeja para superar los 68 puntos de Steve Burtt Jr en un solo partido y poner su nombre al récord de anotación del torneo. Su muñeca estaba caliente y los tiros desde más allá de la línea de tres entraban como si tirase a una piscina… pero el entrenador de Sean Bell’s All Stars, Lil Rah, no lo permitió. Sus protestas durante los minutos finales del choque fueron a más y el hecho de tirar una botella de agua al cemento del Rucker Park fue el motivo para que los árbitros le descalificasen. En ese momento Rah ordenó a sus jugadores que salieran de la cancha y retiró a su equipo del partido. Los árbitros declararon el final del partido y la gente saltó a la pista para llevarse el high five de turno con un Kevin Durant que se llevó consigo el apodo de “I am the best”, se doctoró con nota en Harlem y dejó una frase para el recuerdo de todos los allí presente ante el micrófono del speaker del EBC. “Había deseado toda mi vida jugar en el Rucker Park”. ¡Pues vaya si lo hiciste! Eso es fue toda una muestra de auténtico streetball y no la moto que quieren (¿quieres?) vendernos del partido entre estrellas de la NBA auspiciadas por dos ligas indoors de Washington y Los Angeles que se celebrará a cubierto y pagando entrada a finales de mes en la capital de Estados Unidos.

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