Golden State Warriors

La gloria pasa por Kyrie Irving

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Kyrie Irving anota de tres

“Lo siento, Doris”Kyrie Irving no pudo evitarlo. Se había proclamado campeón de la NBA. Razón suficiente para interrumpir a Doris Burke, reportera de la ESPN, quien, en la cúspide emocional del momento, buscaba las primeras palabras de un LeBron James que no evitaba las lágrimas. En ese instante, el destino quiso juntar al rey y a su escudero. Porque la gloria del primero no podía entenderse sin la del segundo. La justicia poética, fiel compañera de finales felices, volvió a aparecer. Esta vez, para que todo el mundo pudiese ver un abrazo entre dos héroes y una idea: no creer en imposibles.

Suya fue la llave para reescribir la historia, para completar una remontada insólita hasta entonces. Menos de un minuto en el reloj, marcador empatado y Cleveland en vilo. Los más de cincuenta años de la ciudad sin saborear el éxito se reducían a unos segundos, y a lo que Irving decidiera hacer con el balón en sus manos. La estrategia quedaba a un lado, sólo cabía vencer a los nervios. Finta con el cuerpo, juego de pies, leve impulso hacia atrás y dentro. Desde el momento en el que levantó la mirada, sabía que aquel triple guardaba su nombre. También Stephen Curry. Entre la determinación y la responsabilidad, ahí estaba Irving. Como en todas las Finales.

“Al final del último partido sólo pensaba en la mentalidad de la Mamba [Negra] “, explicó tras el partido.

Las Finales, un antes y un después

Aquella jugada definía el descaro de quien técnicamente no conoce límites. Puede que ni dirija ni siga la pizarra, pero sus recursos hacen el resto. Él sólo necesita espacios. Lo mínimo para ejecutar. Un depredador de ventajas.

Sin embargo, lo reseñable no estaba en el talento sino en la entereza. La capacidad nunca ha estado en duda, pero sí su madurez, y estas Finales eran la prueba de fuego. Su respuesta ha sido seguir al líder y hacer de la adversidad su campo de recreo. Siempre fiel a su estilo, el de aprovechar el caos y dinamitar batallas.

Sus 41 puntos en el quinto partido mostraron el camino. Como lo hizo su agresividad, su desequilibrio y su dominio total del uno contra uno. Porque detrás de todos esos malabarismos no hay arrogancia, sino instinto. Una melodía a veces discordante, pero siempre vertiginosa y excitante.

Si LeBron ha culminado su leyenda, Irving comienza ahora a forjar la suya.

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