Brooklyn Nets

La complejidad del número 98

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Jason Collins./ NBA.com

Jason Collins ha hecho historia en Estados Unidos, pero lamentablemente una historia rodeada de tabú y recelo. El pívot de Brooklyn Nets se ha convertido en el primer jugador profesional en activo abiertamente gay. Un paso adelante inmenso en una sociedad todavía inmersa en un buen puñado de prejuicios y apariencias, en la que todo el mundo tiene un amigo homosexual majísimo, pero en la que al mismo tiempo se cuestiona si el fichaje de Collins por la franquicia de la Gran Manzana no es más que un movimiento de marketing relacionado con la condición sexual del jugador. Los mismos que critican y tachan de estrategia de mercado la firma del center por los Nets son a los que luego se les llena la boca en época de traspasos diciendo que no hay que olvidar que la NBA también es un negocio. De repente un jugador con trece años de experiencia en la Liga llega a un equipo con necesidades en su juego interior y se convierte en un producto de promoción y comercialización del movimiento gay. Un jugador que llevaba sin equipo desde abril de 2013, cuando salió del armario y lo cerró de un portazo en la portada de la prestigiosa Sports Illustrated.

El éxito de ventas de la camiseta de Jason Collins ha llevado al sector de la prensa norteamericana más retrógrado y crítico con el fichaje del pívot a tachar de “suculento dinero gay” la incorporación del jugador al equipo de Brooklyn. Una camiseta que salió al mercado por aclamación popular y que la franquicia del otro lado del East River no tenía previsto comercializar al tratarse de un contrato de diez días que podría quedar en un simple parche temporal de no cubrir las necesidades de la plantilla. Sin embargo el pueblo ha hablado y la elástica de Collins con el número 98 a la espalda arrasó en su primer día en la tienda oficial de la NBA, tanto en su versión física como digital. Unas ventas de las que evidentemente los Nets se ven beneficiados, al igual que sus vecinos New York Knicks lo hicieron en su momento con la explosión un Jeremy Lin al que exprimieron hasta la sequedad, terminando cuando el hype del base asiático americano se disipó. Sin embargo a estos no se les criticó por ello. Aquello fue un movimiento natural de mercado… en una  ciudad con una comunidad asiática mucho mayor que la comunidad gay. Precisamente Jeremy Lin se convierte en un buen nexo de unión con Collins en el sentido de que el ahora jugador de Houston Rockets comenzó su carrera NBA en Golden State Warriors, a sólo un puente de distancia con la multicultural y abierta San Francisco. Un equipo también con necesidades en el puesto de pívot esta temporada, pero que no acudió a Jason Collins, pese a ser Oakland la 14ª ciudad con un mayor número de homosexuales censados y tener a SanFran a tiro de piedra al otro lado de la bahía.

Jason Collins./ Getty Images

Todas estas críticas al supuesto doble sentido del fichaje de Jason Collins por Brooklyn Nets no son más que una distracción con la que no tener que hacer frente a los verdaderos tabúes de la (re)incorporación de un jugador homosexual declarado al deporte norteamericano. Ex compañeros, rivales, nombres propios de la Liga como Kobe Bryant o Dwyane Wade o incluso el nuevo comisionado de la NBA Adam Silver han mostrado su apoyo al pívot y lo han felicitado por su retorno a las canchas, pero nadie ha expresado su descontento al respecto. Algo que, sinceramente y tanto para lo malo como para lo bueno, no hay por donde cogerlo. Llamadme incrédulo, pero no me trago que no haya ningún jugador o directivo al que no le haya hecho gracia la incorporación de Collins, en lo personal más que en lo deportivo. Sin embargo no hay nadie que tenga las mismas agallas que tuvo el #98 de los Nets para salir del armario para decirle que mejor se hubiera quedado dentro. Evidentemente no estaría bien hacerlo. Como tampoco sería correcto realizar ciertas preguntas que todo el mundo tiene en su cabeza pero que nadie se atreve a hacer, ni al propio jugador ni a sus compañeros de vestuario. Y no hablo de morbo o prejuicios. Hablo de doble moral de una sociedad que de cara a la galería llega incluso a rasgarse las vestiduras por el hecho de que sea noticia que alguien haga historia por ser el primer homosexual declarado en activo en una de las cuatro grandes ligas norteamericanas, cuando en realidad no debería tener importancia en estos días. Nadie quiere ser el señalado por preguntar lo que no debe, pero al mismo tiempo muchos de los que le apuntarían con el dedo pondrían la oreja con atención para conocer la respuesta. Mientras tantos, sigamos hablando de cifras, ventas de camisetas y especulando con la finalidad de un fichaje que, duela a mucho o pocos, es ya historia viva del deporte e incluso de la sociedad norteamericana.

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