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La coronilla de Ginóbili: ilustres que echaremos de menos

Manu Ginobili (San Antonio Spurs)./ Getty Images

Bien mirado, el lockout parece cerrar una época en la NBA. Así como en 1999 vivimos la simbólica retirada de Michael Jordan cuando la temporada amenazaba con cancelarse, el actual cierre patronal parece coincidir con el ocaso de una cierta generación. Echando un vistazo a las clasificaciones históricas de puntos, asistencias y rebotes llama la atención la cantidad de jugadores de renombre que se retirarán en breve. Es la generación que desembarcó en la liga a mediados o finales de los años 90, los predecesores del apabullante draft de 2003. Nostalgia que abruma por una época que se va. Estos son algunos de ellos, pero hay muchos más.

STEVE NASH: el mejor base desde la retirada de John Stockton. Dos veces MVP en temporadas consecutivas, casi produce dolor físico constatar que el canadiense no haya ganado ningún anillo. Nash es el máximo exponente del pick and roll y del run and gun de aquellos Suns hipersónicos de Mike D’Antoni con Stoudemire, Diaw, Barbosa y Marion. Resulta significativo la dominancia de un base como Nash –cinco veces máximo asistente de la regular season, las dos últimas campañas incluidas- si tenemos en cuenta sus condiciones físicas -1,91 y sólo 80 kilos- en una liga en la que los afroamericanos dominan el perímetro con su superdotada condición física. 37 años de edad y 15 en la liga son motivas más que suficiente para temer su inminente retirada.

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TIM DUNCAN: el mejor cuatro desde la retirada de Karl Malone. Timmy formó las fabulosas twin towers con el Almirante Robinson y tras la retirada de éste se hizo sin discusión con el liderazgo de los Spurs de Popovich. Elegante, práctico y lleno de clase, Tim Duncan ha sido siempre la versión aseada de su contemporáneo Garnett. 4 anillos y dos MVP le contemplan, amén de trece presencias en el All Star y e infinidad de apariciones en los mejores quintetos. Duncan es el símbolo de un equipo insuficiente que, a base de prolongar un proyecto serio, desarrolló el gen competitivo que lo definió en la década de 2000. Para el recuerdo aquellas finales a cara de perro contra Detroit –triple de Horry en el séptimo-, o aquellas series tremendamente tensas contra los Suns –Bruce Lee Bowen en acción-. La presencia de Duncan en el Hall of Fame no admite ninguna discusión.

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JASON KIDD: el rey del triple doble, todo menos un base clásico. Un tipo capaz de lanzar un beso a la canasta en los tiros libres o de dar 15 asistencias sin un solo punto. Kidd estuvo muy cerca de ganar el campeonato con el three-peat que formó con Jefferson y Carter en aquellas finales de 2002, pero no ha sido hasta este año cuando ha podido hacerse con el ansiado anillo. Sus disputas conyugales son tan bien conocidas como sus problemas con la justicia, como si fuera un base blanco con ganas de encajar en el estereotipo de estrella negra de la NBA. Nadie dio un duro por él cuando lo cambiaron por Devin Harris pero lo cierto es que ha sido pieza clave en los Mavericks campeones. Sus 38 años, desgraciadamente, hacen prácticamente imposible que alcance los 181 triples-dobles de Óscar Robertson.

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RAY ALLEN: seda fina, el mejor lanzamiento a los ojos y a los puntos. Un extraordinario defensor de pies y un mortífero tirador. Su brillante periplo por Milwaukee y Seattle encuentra la justicia poética cuando es llamado a filas por la franquicia con mayúsculas: los Celtics de Boston. Defensa fue lo que pidió Doc Rivers el primer día y eso es lo que hicieron el superclase Paul Pierce, el lobo Garnett y el esforzado Allen para reverdecer los laureles del Boston Garden. Sin Sugar Ray hubiera sido imposible. Conviene recordar la plusmarca de 8 triples del 2º partido de las Finales de 2010 contra los Lakers y, sobre todo, el récord absoluto de triples convertidos, conseguido el pasado febrero con 2561 (ahora ya son 2612) superando al añorado Reggie Miller. Son los frutos de un trabajador incansable y de una figura discreta en una liga de relaciones públicas.

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GRANT HILL: Don Cristal. Versátil, clarividente y asiduo del triple doble. Un hombre Duke de una inteligencia y una cultura extraordinarias. También fue el sucesor de Jordan y siempre cargó con los las alforjas de la estrella. Sus continuas lesiones de tobillo han sido un viacrucis que ha estado a punto de retirarlo en varias ocasiones, así que poca broma con la salud de Grant Hill. Sorprende que a sus 39 años siga jugando tan bien al baloncesto -13 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias de media el curso pasado- pero quizá sea consecuencia de todos los partidos que se perdió en su momento. Así que de momento en activo –y sin anillo-. También dicen de él que es un hombre a la antigua, un tipo clásico. Cuando le preguntaron a Shaq sobre la fidelidad matrimonial del jugador NBA, respondió: sólo uno, Grant Hill.

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MANU GINÓBILI: el mejor sudamericano de la historia de la NBA, más talento que Delfino y más pólvora que Barbosa. Hay que tener suerte para caer en los Spurs campeones de la última década pero muchas narices para coger asiento de primera en un equipo tan draconiano. Ginóbili ha ganado tres veces el campeonato (2003, 2005, 2007) pero, curiosamente, el galardón que quizá mejor resume su trayectoria es el premio de Mejor Sexto Hombre: pese a su papel privilegiado difícilmente ha sido titular con regularidad. Sea como sea, actualmente la aspiración de San Antonio luce como la coronilla de Ginóbili: despejada. No sabemos cuánto más pueden dar de sí las espuelas pero en todo caso ya no están bajo ninguna expectativa. Quizá veamos pronto a Manudo de vuelta en Italia o en Argentina. O quién sabe: a lo mejor en España.

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Autor | Carlos Zumer
Fecha | 10.09.2011 19:42

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