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La eterna espera de Rudy Fernández

Rudy Fernandez, de los Blazers, en una entrada a canasta./Getty Images

Por Guillermo Lagos

A estas alturas no vamos a descubrir a Rudy Fernández. Hablamos posiblemente de uno de los tres mejores jugadores españoles de hoy día. Posee calidad por los cuatro costados, carisma, cualidades técnicas, clase y determinación. Su caché es elevadísimo en Europa. Pero en la NBA, digámoslo claro, no ha terminado de explotar.

Y no iba mal encaminado. Su temporada como novato hacía presagiar un futuro brillante en Portland, a pesar de la presencia en el equipo de uno de los mejores jugadores de la Liga en su posición: Brandon Roy. Esas expectativas sufrieron un serio revés en la siguiente campaña, en la que jugó menos y, en lógica consecuencia, su aportación cayó. Igual que su confianza y su autoestima.

Su entrenador, Nate McMillan, nunca ha sido su máximo valedor. Conocedor de ello, Rudy hizo un serio amago de querer abandonar el equipo el pasado verano. Le recondujeron y aceptó su rol como especialista desde el triple, siempre dispuesto a revolucionar un partido. Sin más.

McMillan nunca terminó de creer en Rudy a pies juntillas. Su franquicia lo retuvo puesto que su salario no supone un dispendio y aporta lo necesario para el “staff” técnico. Pero la escasa seguridad depositada en él por parte del técnico ha vuelto a quedar de manifiesto este año.

El entrenador dio al español los galones en ataque durante buena parte de la temporada -esa en la que Roy faltó en los esquemas de los Blazers por una lesión- con tanta rapidez como se los quitó en cuanto la estrella reapareció.

¿El resultado? Menos de tres puntos por partido en una media de 13 minutos por encuentro durante las eliminatorias por el título. El discurso del jugador es de sobra conocido: está jugando en la mejor Liga del mundo con los mejores jugadores que existen sobre la faz de la Tierra.

Posiblemente haya quien piense que Rudy deba seguir luchando en la NBA por hacerse un hueco real y tratar de consolidarse como un buen jugador en su rol secundario, pero en mi opinión Europa se está perdiendo los mejores años de un jugador estratosférico, eléctrico e insaciable de cara al caro.

Además, acaba de declarar que quiere ganar una Euroliga. Un objetivo real si regresara. ¿El anillo? Hoy por hoy, improbable en Portland.

En España los clubes siguen soñando con él y la afición echa de menos figuras con las que poder identificarse; nombres con los que vivir el sueño del mejor baloncesto en los pabellones de sus ciudades, sin necesidad de trasnochar o de seguir por la televisión (o Internet) las evoluciones de un ídolo que, recordemos, ha pasado en el banquillo buena parte de los momentos decisivos de la temporada.

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Fecha | 21.05.2011 07:32

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