Opinión

La historia le espera

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Dirk Nowitzki./Getty Images

“It feels good to finally go back. This time, hopefully we can finish the job”.

Cinco años y varios disgustos en los Playoffs han tenido que pasar para que Dirk Nowitzki vuelva a encontrarse cara a cara con su destino: las NBA Finals. Casi en el olvido quedan los fracasos en primera ronda ante Golden State Warriors, New Orleans Hornets y San Antonio Spurs, o la derrota en segunda ronda hace dos años contra los Denver Nuggets. Eso ya solo son malos sueños, ni siquiera pesadillas, que algún día hicieron pasar un mal rato al jugador alemán. No obstante, hay un momento que todavía permanece clavado en el alma del ala-pívot de los Mavs. Un sello que deja huella en cada lanzamiento en suspensión que realiza, en cada tiro libre convertido. Una marca a fuego en el corazón de Nowitzki: la derrota en la final del 2006 ante los Miami Heat. Cinco años.

Desde que llegó a la NBA, hace trece años, Nowitzki se ha ido ganando poco a poco el respeto de la liga y la admiración de todos los aficionados al baloncesto. Su hoja de servicios es impecable. Muy pocos jugadores pueden presentar un currículum individual como el suyo en la última década. No es el que más puntos anota ni el que más rebotes captura. Tampoco es el más rápido ni el pívot con mejores movimientos de cara a la canasta. No. Nowitzki es otra cosa. Es un asesino, un líder, un anotador implacable. Posee un fade away sencillamente indefendible. Sabes que te lo va hacer, pero no puedes evitarlo. Se levanta, se echa hacia atrás y suelta una bomba que acaricia suavemente la red. Imparable.

Nowitzki no ha faltado a su cita con la canasta desde que llegó a la NBA. Con él, los Mavericks salieron de una década negra para convertirse en un serio candidato al anillo cada temporada. Cada año, ahí ha estado Dirk: siempre rodando los 25 puntos. Como un reloj. Sin embargo, quizá porque ha desarrollado toda su carrera en los Estados Unidos, se ha tardado demasiado en postularlo como el mejor jugador europeo de la historia. La nostalgia de los Sabonis o Petrovic pesa demasiado, pero ni uno ni otro consiguieron lo que ha conseguido el jugador nacido en Wurzburg. Tampoco Gasol o Kukoc, más exitosos en lo colectivo pero con peores resultados en lo individual, podrían discutirle el trono. Su entrenador, Rick Carlisle, va incluso más allá y lo considera uno de los diez mejores jugadores de la historia de la NBA. ¿Alguien da más?

A pesar de todo lo anterior, parece que a Dirk Nowitzki le sigue faltando algo para estar entre los grandes y hacerse definitivamente un hueco en la historia. Ya lo tuvo cerca hace cinco años, pero Dwyane Wade y los árbitros evitaron que lo consiguiera. Ahora, cinco años más tarde, Nowitzki está de vuelta dispuesto a terminar el trabajo que no pudo terminar entonces. Algunos dicen que la NBA le debe una y seguramente sea cierto. Pero la mejor liga del mundo le debe mucho a muchos jugadores y a veces ni siquiera paga sus deudas.

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