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La persistencia de la memoria

Jason Kidd y Peja Stojakovic, dos activos de los Mavs./Getty

“Puedes llegar a cualquier parte, siempre que andes lo suficiente”. Lewis Carroll.

El concepto de persistencia es fascinante. La capacidad de retener una información determinada, aparentemente oculta, y poder retomarla a voluntad dio pie a una revolución tecnológica tomando, como en tantas ocasiones, una característica mágicamente humana. Memoria visual. ¿Y si cambiamos netamente de plano? ¿Y si nos sacamos de la manga la persistencia del talento convertido en éxito? ¿No se les había pasado ya el arroz a los cowboys de Dallas? Preguntas y más preguntas, pero la realidad habla de unos Mavericks de vuelta a la aventura de las Finales. De un grupo humano que ha recuperado la pasión en un momento acaso improbable. De un gen competitivo que ha aflorado dejando aparcado el fantasma de la transición. De una columna vertebral formada por tipos grandes -y, dicen las buenas lenguas, grandes tipos– nacidos todos ellos en la cada vez más añeja década de los setenta. De la persistencia en el regreso de los que nunca se fueron.

Hace más de una década desde que un espigado y entonces desconocido tipo de Wüzburg aterrizó en Texas, enésima genialidad de Don Nelson, para cambiar el rumbo de una franquicia que de forma perenne llevaba colgado el cartel de ‘a la deriva’. Pero siempre faltó algo a su alrededor, y dado que ese algo nunca fue la billetera de impresión del propietario Cuban, los dedos acusadores terminaron por señalar al que, decían, se arrugaba en momentos decisivos. De poco ayudó que en su primer, y hasta ahora único viaje a las Finales, poco pudiera hacer Nowitzki para evitar la remontada que entonces protagonizó Miami. Menos hizo por su causa que la siguiente temporada protagonizara la más desoladora ceremonia de entrega de un MVP jamás vista, viviendo en primera persona la descomposición de su equipo ante unos Warriors más alegres que nunca.

Pero la cuesta hacia abajo se tornó en feliz impulso a medida que iban recalando en Dallas otros ilustres perdedores. Héroes nada anónimos que, lejos de aspirar a vivir un retiro plácido y cuantioso -en lo económico-, encajaron para protagonizar una última tentativa para engarzarse el anillo. Decíamos, ‘setenteros’ como Kidd, Marion, Terry o Stojakovic, todos ellos se conjuraron para romper apuestas. Por el camino cayó la pujanza de Portland, la dinastía angelina de los Lakers y el descaro de Oklahoma. Una nada sutil jugada del destino les vuelve a encontrar con los rearmados Heat de Miami, el paradigma de proyecto diseñado para ganar. Y a todos les gustan los ganadores, pero ¿no es más bello soñar con Sísifo alcanzando por fin la cima? Quizá los cowboys ya hayan andado lo suficiente. Quizá.

@rafa_gallego83

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Fecha | 01.06.2011 13:40

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