NBA

La volatilidad del ‘hater’

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LeBron James./ Getty Images

Siempre he pensado que una de las cosas buenas que tiene la NBA para el público ‘overseas’ es la inexistencia del regionalismo. Cada uno puede ser de un equipo en concreto, tanto fan acérrimo como simpatizante desde años atrás, pero siempre hay algún motivo para ver partidos en los que ese conjunto no es protagonista. Según las épocas hay franquicias que llaman más la atención por estilos de juego o simple y llanamente por su plantilla o estrella(s), y eso es un motivo más que suficiente para tener prioridades a la hora de sentarte delante de la pantalla. Dicho de otro modo, se puede ser seguidor de los New York Knicks y al mismo tiempo ver un buen número de partidos de los de Milwaukee y New Orleans en regular season porque te gusta algún jugador en concreto, y cuando llegan los playoffs y los ‘Bockers no quedan eliminados a las primeras de cambio querer que gane Boston el anillo. No pasa nada. Es la NBA, no una liga en la que por ‘tradición’ sigues al equipo de tu ciudad. Los colores y sentimientos tienen mucho menos que decir que la diversión en sí misma. Al menos así es como yo siempre lo he visto y he podido apreciar en prácticamente la mayoría de los fans que no son de Estados Unidos.

Sin embargo de un tiempo para acá me da la impresión que las cosas están cambiando. Ya no se ve un partido en concreto por el gustazo de disfrutar de un equipo o un jugador. Ya no se sigue una serie de playoffs por el duelo en cuestión o porque te guste uno o los dos protagonistas del duelo. Ahora se hace todo ello con un interés ‘hater’ llevado al extremo y, al menos a mí personalmente, me empieza a cansar. Utilizaría la palabra ‘detractores’, pero hemos llegado a un punto en el que lo que hay contra un jugador en concreto (sí, me estoy refiriendo a LeBron James por si alguien aún tenía dudas) es odio. En la mayoría de los casos, un odio gratuito, sin ningún fundamento más allá de lo visto por televisión o basado en actos aislados con, en ocasiones, un arrepentimiento posterior que se prefiere no escuchar. Un odio por moda. Y con esto no estoy haciendo una defensa acérrima de LeBron, sino una crítica la volatilidad con la que las hordas de ‘haters’ cambian de equipo con la única intención de poder disfrutar del fracaso de un jugador en concreto.

LeBron James./ Getty Images

Hubo un momento en el que los fans de los Boston Celtics salieron hasta de debajo de las piedras. Ahora de repente son los seguidores de los Oklahoma City Thunder los que se multiplican. Como los fuegos fatuos, los ‘haters’ aparecen en la oscuridad de la noche (y muchas veces se esconden detrás del anonimato de Internet). ¿Querían ver a Paul Pierce, Ray Allen y Kevin Garnett meterse en otras Finales y luchar por el anillo? No, querían que LeBron no lo hiciera. ¿Quieren ahora que Kevin Durant gane su primer título en su primera presencia en las Finales de la NBA? No quieren que LeBron pierda en su tercer intento (segundo consecutivo) de coronarse y poder dar rienda suelta a su oído. Insisto, no estoy levantando la voz a favor de ‘King James’, de quien todavía recuerdo cuando en su primera visita al Madison Square Garden vestido con el uniforme de Miami respondió en rueda de prensa que no le preocupaban los abucheos porque estaba acostumbrado (“Sólo hay dos sitios donde no me abuchean: en Miami y en mi casa”, dijo con buen humor). Me estoy preguntando hace cuánto que dejamos de disfrutar de un partido de baloncesto para hacerlo con el fracaso de un jugador al que no conocemos ni lo más mínimo.

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