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Lakers en el quirófano (a las primeras de cambio)

Los Angeles Lakers./ Getty Images

Gastar un riñón en un nuevo proyecto y abortarlo tras sólo 5 partidos puede ser una tontería o tener todo el sentido del mundo. En su versión sensata, parece lógico porque de ninguna manera vas a arriesgarte a malograr un solo céntimo de tu millonaria inversión: “Me he gastado una fortuna en este coche, si el conductor no está a la altura no voy a recorrer ni un kilómetro más”. En su versión más censurable, el despido de Mike Brown es de un pánico evidente, un calentón de despacho –aventado desde el vestuario- que poco o nada tiene que ver con el tempo y las formas de los proyectos bien hechos: “Confiar en un piloto y luego echarle en la tercera carrera no tiene ningún sentido, sobre todo si ya fue tu hombre el año pasado, no quedaste muy satisfecho pero sin embargo decidiste continuar con él”. Disparate o acierto, queda a juicio de cada uno.

La cuestión es que el proyecto Laker de Mike Brown ha sido amputado de urgencia en su primera semana de gestación. Se suponía una versión diferente a la del año pasado, pero en el poco tiempo trascurrido ha resultado ser una fotocopia anodina, de incluso peor ingesta debido a toda la espuma generada. A casi nadie le gustaba Brown, pero viéndole en la calle ha sido inevitable no acordarse del Spoelstra casi en la picota de Pat Riley cuando los Heat de LeBron no acababan de carburar.

Phil Jackson./ Getty ImagesLa historia de estos Lakers y su búsqueda del décimo séptimo anillo es tan comercial que ha terminado por entrar en escena el mito viviente del banquillo, sólo más querido en Chicago que en Los Angeles: Phil Jackson. Dicen que el listón que ha puesto el tío Phil para volver a entrenar ha sido de todo menos zen, desorbitado hasta lo muy mundano. Tuvo cierto sentido que Jackson pidiera la luna si en efecto su retiro era definitivo, pues debe ser caro desjubilar al jubilado más ilustre, pero la impresión que ha dado es que Zen Master ha tensado la cuerda hasta dejarla mortalmente baja y tirante, como una soga de limbo. Y será por tanto que Buss y Kupchak no han querido reptar tan bajo, aunque estuviera cantado que bailarían lo que fuera por tal de tener de vuelta al Señor de los Anillos, la voz que infundiera confianza en el desnortado barco púrpura y oro. La otra versión de la historia la ha dado el propio Jackson y su entorno, diciendo, simplemente, que le han dado extraño plantón. Es un relato ligero de los hechos, en el que el entrenador más laureado de la historia de la NBA no pone exigencias al hombre, Jim Buss, que lo defenestró sin piedad y que ahora viene, más directa o indirectamente, a suplicarle que vuelva a liderar el descarriado rebaño amarillo. Bueno. También en esto corresponde a cada uno quedarse con su versión favorita de la historia.

Sea como sea, finalmente el entrenador de los Lakers será Mike D’Antoni, un clásico entre los futuribles angelinos por aquello del Showtime y del estilo. Fichar al entrenador de West Virginia tiene bastante sentido por identidad de franquicia, pero otra cosa es el roster actual, que se supone a gusto de los antiguos técnicos. Cambiar a Mike Brown por D’Antoni debe ser como pasar de Janice Soprano a Adriana La Cerva, un cambio radical de decoración que no puede hacerse como si nada. Cómo se adaptará D’Antoni a lo que tiene -¿Bryant haciendo de Melo en los Knicks?; dos hombres tan altos como Howard y Gasol…- es un misterio nada despreciable, por mucho que el técnico pueda tener a su alma máter Steve Nash para cimentar su propuesta. Por lo pronto la venida del técnico del run and gun encaja bien en el escenario angelino, pues los equipos de D’Antoni juegan bien, lanzan mucho y defienden sibilinamente, buena carne para los focos de California, aunque de ganar ya está la cosa menos clara. Para quedarse en los Lakers, D’Antoni tiene que hacer algo que nunca ha hecho en toda su carrera NBA: ganar de noviembre a junio sin excepción. Es sencillo, y habrá prisa. No se le ajusticiará en 5 partidos, pero la pasión y muerte de Mike Brown es un síntoma claro de cuál es la consigna este año en la franquicia de California: por cada dólar de impuesto de lujo, una canasta conseguida. Y si no, nos buscamos a otro.

@CarlosZumer

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Fecha | 13.11.2012 16:27

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