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Larga vida a la NCAA

NCAA./ Getty Images

Las declaraciones del comisionado de la NBA, David Stern, sobre la conveniencia para muchos jugadores jóvenes de prepararse para dar el salto a la NBA en la D-league han abierto un debate en el seno del baloncesto norteamericano: ¿continuar como hasta ahora, basándose en la NCAA, o gestar un nuevo patrón con la Liga de Desarrollo como sustento?.

“Estoy muy orgulloso de la D-League. Está funcionando. Su marcha continúa. Ahora tenemos una Liga de Desarrollo que acepta jugadores que tienen 18 años y que va a hacer un mejor trabajo educándoles que el que hacen las universidades en las que se encuentran”, han sido las palabras del mandamás de la Liga que han puesto en entredicho el modelo actual. Tras estas declaraciones se encuentra, a mi juicio, una intención claramente corporativista. No hay que olvidar que la antigua NBDL, actual D-League, forma parte de la NBA, por lo que es lógico que el comisionado de ésta intente vender sus bondades. Seguramente esta competición habrá crecido desde su creación en 2001 y que seguirá creciendo, pero de ahí a poder sustituir a la NCAA dista un abismo.

Por un lado está la tradición de ambos torneos. El campeonato universitario vio la luz en 1939 y desde entonces ha sido la cuna de innumerables gestas en el deporte de la canasta. Hasta hace relativamente poco era paso obligado para triunfar en la mejor liga del mundo, excepción hecha de algunos grandes nombres. De Moses Malone a Amir Johnson han sido muchos los que han dado el salto desde el high school con mayor o menor fortuna. Para más inri, Estados Unidos posee una cultura del deporte universitario que es muy difícil de borrar. Por su parte la Liga de Desarrollo de momento tiene poca historia. Mientras que muchos aficionados nombrarían sin dudar al último campeón universitario, creo que serían muchos menos los que acertarían con el nombre del ganador de la D-League.Jeremy Lin./ Getty Images

Otro asunto, para mi muy importante, es el  recorrido de los jugadores dentro del roster de los equipos en una y otra competición. En la NCAA un jugador tiene el tiempo necesario para superarse, notas mediante, y mejorar al disponer de cuatro temporadas para lograr alcanzar su techo. Los deportistas también son presionados pero menos que a nivel profesional. En la D-League esto no sucede. Las plantillas sufren infinidad de cambios durante la competición. Por un lado forman parte del roster aquellos jugadores que no gozan de minutos en las franquicias NBA y que son enviados durante un tiempo a la Liga de Desarrollo en busca de minutos para mejorar alguna faceta del juego, o simplemente para fortalecer su autoestima. No es lo mismo jugar 10 minutos que 30, aunque sea en una competición menor.

Otra parte importante de las plantillas está ocupado por aquellos jugadores que buscan un contrato. Esto los convierte en jugadores de paso, que no esperan echar raíces. En  el otro lado la paciencia tampoco impera y los equipos se comportan como cualquier estructura profesional donde impera la búsqueda del resultado y no dudan en cortar a un jugador que no cumpla con las expectativas creadas.

Por otro lado hay que tener en cuenta el egoísmo de los jugadores. la Liga de Desarrollo es vista por muchos aspirantes como la última oportunidad para conseguir el ansiado contrato y por tanto no luchan por los colores de su equipo, sino que lo hacen por sus propios intereses, en un deporte en el que el colectivo es primordial. No digo que esto no ocurra en la competición universitaria, pero creo que el éxito colectivo es mucho más importante. Las estrellas serán egoístas, porque lo llevan en el ADN, pero además buscan la gloria. Buscan repetir  las gestas que los Magic Johnson, Michael Jordan y compañía realizaron en su periplo universitario.

Es probable que dentro de unos años la D-League nutra más y mejor a la NBA de lo que lo hace en la actualidad, pero yo le auguro una excelente salud al deporte universitario y al actual modelo de formación de las futuras estrellas de la NBA.

@g_artetxe

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Fecha | 16.10.2013 19:18

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