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Las prisas de Love

Kevin Love./ Getty Images

Hay diferentes formas de llegar al éxito en la NBA. En los últimos años, la más recurrente ha sido la de juntar grandes estrellas, sacrificando sus contratos y sus estadísticas, con el único objetivo de conseguir el anillo. Incluso renunciando a ciertos privilegios, la cohesión de los jugadores no ha sido posible, véase ‘Los 4 Fantásticos’ de Los Ángeles Lakers en 2004, o el primer año de LeBron, Wade y Bosh en Miami Heat. Sí que funcionó, en cambio, el primer ‘Big Three’ contemporáneo, el de los Boston Celtics en 2008, con Pierce, Garnett y Allen.

Ha sido la fórmula más utilizada, sigue siendo la de resultados, o no, inmediatos y requiere de cierto punto de presteza, de ansia por conseguir el objetivo, de ganar hoy en lugar de hacerlo mañana. Se pasa por alto el grupo, la formación de un estilo y de una ideología. Es necesario cohesionar las piezas con mucha rapidez, provocando posibles fallos en el mecanismo que luego son difíciles de solucionar. Los Lakers actuales van por ese camino.

Ray Allen, Kevin Garnett y Paul Pierce./ Getty Images

La otra manera de alcanzar el éxito es la que no aceptan los equipos más potentes. Se refiere a la paciencia, pero a la que se enfoca con rigor, a la paciencia de verdad, no a una pose bonita de cara a la galería. Sobre todo, es la paciencia que está implícita en el imaginario de una franquicia. El mayor ejemplo es el de Oklahoma City Thunder.

Con la desaparición de los míticos Supersonics y su traslado a OKC, los altos dirigentes de la franquicia comenzaron a construir desde cero. Ya tenían un proyecto de superclase como Kevin Durant. Sólo había que rodearlo de jóvenes hambrientos, con calidad y que supieran de qué iba esto. Vía draft llegaron Westbrook, Ibaka y Harden, mientras que Perkins o Sefolosha aterrizaron a través de traspasos. La suma de todo ello, un equipazo, conjuntado gracias al tiempo y a la paciencia.

Serge Ibaka, Russell Westbrook, Kevin Durant y James Harden./ Getty Images

Este tema viene a colación de las palabras de Kevin Love, urgiendo a los Minnesota Timberwolves a que construyan un proyecto ganador. Si no, las consecuencias podrían ser desastrosas. Partimos de la base de que esta afirmación del jugador no supone más que un intento de espabilar a los de arriba, que no se duerman, que hay que seguir trabajando. Y es que en Minnesota están empleando una mezcla de las fórmulas arriba señaladas: fichajes de jugadores (no tan mediáticos) y crecimiento sistemático a través del draft.

La llegada de Kirilenko, Ridnour, Barea o Budinger se están combinando con las elecciones del propio Love, Rubio, Williams o Pekovic. Quizá sea ésta una tercera fórmula del éxito, basada en el acierto de fichar y la suerte del draft. Porque no estamos hablando de unos Wolves candidatos al anillo, pero con un par de años más, con Love, Pekovic  y Ricky entre los mejores de la liga y un grupo de secundarios de nivel, Minnesota está preparada para cualquier cosa. Lo primordial: paciencia, tanto para formar el grupo como para engrasarlo. Así que, amigo Kevin, no tengas tanta prisa que el tiempo pone a cada uno en su sitio y el tuyo (y el de tu equipo) está entre los campeones.

@alexarenas13

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Fecha | 16.01.2013 19:32

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