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LeBron James: los extremos de la NBA

LeBron James./Getty Images

Si montáramos un “Royal Rumble”, un “todos vs todos” de pressing catch con los partidarios y detractores de LeBron James, necesitaríamos un ring como un campo de fútbol de grande. Los soldados de cada bando serían los mismos porque a LeBron le amas o le odias. Con él no hay término medio. No hay indiferencia. Y su carrera se ha movido con esas olas de amor/odio con el anillo como objetivo. Aún no ha logrado surfear en esas olas ni ser campeón pero luchará hasta el último segundo para conseguirlo.

Los que apoyan a LeBron argumentan que es uno de los mejores jugadores que nuestros ojos verán porque su baloncesto parece de una película de ciencia ficción. Su físico le ayuda a realizar gestas espectaculares. Sus movimientos a la velocidad de la luz y su potencia a la hora de penetrar no están al alcance de todos. Pocos habrá mejores en la historia cuando toca “meterse en el lío” de la pintura desde el exterior.

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Si se miran los números de Lebron James con lupa se ven pocos lunares. Casi ninguno. Estadísticamente es impresionante en puntos, rebotes, asistencias, tapones, etc. Un show,vamos. Los admiradores del juego de LeBron presentan estos registros con orgullo porque no es para menos. Argumentan también que pocas veces no ha dominado un partido a su antojo, posee ese ‘factor X’ para lograr victorias. Y esa cualidad no se entrena. Se nace con ella. Su baloncesto es natural y sus decisiones (acertadas o no) también lo son. Transmitir naturalidad y sencillez en acciones que son realmente complejas es casi imposible. Por eso, LeBron es tan grande. El anillo es su meta y no va a parar. Seguirá luchando, entrenando y limando los errores de su juego. Su camino está lleno de piedras pero él las va salvando y aprendiendo del viaje.

Éstos son los argumentos que dejan encima de la mesa de debate los defensores de LeBron. Pero el turno ahora es para los que no le pueden ni ver porque a LeBron no le aguantan muchos. En el plano baloncestístico, los detractores dicen que tira demasiado. Su tiro de tres es muy mejorable y su lectura en momentos de presión también. Su individualismo le impide abrir las posibilidades de su equipo. Por mucho que intente involucrar, su ego termina comiéndose al equipo. Le gusta el balón, lo trata bien pero hay veces que no lo suelta. Intenta ser Kobe pero no lo es. Quiere ser un artista pero es rudo y sólo físico. Si el jugador del siglo XXI va a ser como LeBron, ya no ganarán los mejores sino los más fuertes y veloces. No escucha a nadie porque se cree poseedor de la verdad. Nunca ganará nada porque la presión le puede.

Ya si sacamos las críticas fuera del juego, los “fans” de Lebron le pueden criticar los gestos, lo de las fotitos con los compañeros antes de empezar, los bailes, las relaciones de su madre, su altivez ante los medios, sus looks, sus fiestas, sus supuestas infidelidades,etc. Pero, sobre todo, por “The Decision”.

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Tantos los que le aman como le odian presentan sus argumentos con firmeza. La batalla por LeBron será eterna pero lo único claro es que siempre es protagonista. Si usted lee la primera mitad de este reportaje, el baloncesto tiene un nuevo Dios del que disfrutar. Si lee la segunda, un nuevo muñeco al que atizar. Dos realidades que viven en un mismo cuerpo: LeBron James.

Porque él es así… amor y odio.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 24.08.2011 10:41

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