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Los España-Italia

Antonio Díaz Miguel, al frente de la Selección

Turín, esa canasta de Renato Villalta fuera de tiempo, después de todo el partido por delante en el marcador… Nos desinflábamos en el Europeo de Roma de 1979, sextos después de haber ganado a la mismísima URSS por segunda vez en nuestra historia. Ellos tampoco llegaron mucho más lejos, quintos jugando en casa, y así y todo gracias al favor arbitral. Es el primer España-Italia que recuerdo, todo un clásico del baloncesto del continente, que ha tenido sus idas y sus vueltas.

Dos años después, en los JJ OO de Moscú, se prepararon un magnífico biscotto en la primera fase y después nos dejaron sin opción a la final. No en vano fueron plata, por delante de los mismísimos soviéticos, con quienes nos tocó el marrón de jugarnos el bronce y claro, perderlo. Les ganaríamos en el Europeo de Checoslovaquia en 1981, era cuando aquella selección de Díaz Miguel subía un peldaño en cada campeonato anual.

Y el primer encontronazo serio llegó en 1983, Europeo de Nantes. El baloncesto italiano vivía sus años más prolíficos, los primeros ex profesionales americanos jugando en su liga, Milán, Cantú, Roma, Bolonia, Pesaro… eran capitales de las competiciones continentales. Al primer partido, un audaz pase de Corbalán en los últimos segundos que interceptó Marzorati nos dejó con un palmo de narices. Pero como ambos eliminamos por la brava a los yugoslavos y nosotros otra vez a la URSS en semis –el obstinado canastón de Epi-, volvimos a encontrarnos en la final. Nuestra segunda gran oportunidad. Nuestra segunda derrota, sin paliativos, frente a los Riva, Meneghin, Bonamico… además del mencionado Pierluigi, capitán, base y director de orquesta que interpretaba el baloncesto como Verdi. Aunque nuestro Juan Antonio tenía poco que envidiarle, y además fueron buenos amigos.

Nuestro auge y declive fue más o menos paralelo al de ellos, pero no se nos terminaban de dar bien. Nos birlaron el bronce en Alemania’85, les ganamos por el quinto puesto en nuestro Mundial 86, nos apearon de la final en 1991, de nuevo en su casa, pero los que partían el bacalao por entonces eran la última Yugoslavia y la emergente Grecia. En los 90, caído el telón de acero, entrarían en liza Lituania, además de Rusia, y luego las balcánicas. Éramos cada vez más y había menos sitio para todos.

Así que nuestro siguiente enfrentamiento en la cumbre llegaría en la final del Eurobasket de 1999. Herreros se había ventilado con 40 puntos a la local Francia, y los transalpinos habían truncado la hegemonía serbia. Tercera final, tercera decepción. Myers, Fucka, Marconato y Meneghin hijo fueron demasiado, 11 puntos abajo y ni una opción durante todo el partido.

En Estocolmo’2003 ya empezábamos a ser de oro, les ganamos una tórrida semifinal para luego rendirnos a una magnífica Lituania en la final. Y les volvimos a vencer la fase de grupos de los JJ OO de Atenas de 2004, pero luego fueron ellos quienes disputarían la final a Argentina, a la que también habíamos derrotado. Todo porque en el cruce de cuartos nos tocó en gracia Estados Unidos, que fueron un desastre durante casi toda la competición pero justo ese día contra los de Mario Pesquera no se despistaron. Con un partido perdido en todo el concurso olímpico, fuimos séptimos; con lo mismo, Argentina fue oro; con dos perdidos, Italia fue plata. Esa espina aún no nos la hemos sacado.

Y se puede decir que hasta aquí llegan los España-Italia en las grandes citas. Me olvidaré alguno, pero no habrá sido en la cumbre o no dejó grandes recuerdos. Nuestros tiempos de mayor gloria y éxtasis –que pronto se irán y a saber cuándo volverán- no han coincidido con la mejor época de los azzurri, que ni siquiera se han clasificado para varios de los últimos campeonatos, así que no hemos coincidido. Pero no se preocupen, que volverán, y a poco que ellos y nosotros estemos por ahí, nos encontraremos en el camino.

Porque de otros deportes ya ni les cuento…

Enrique de Pablo
http://byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 29.06.2012 18:58

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