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‘Made in Spain’. Claves de un fracaso histórico

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Banquillo de la selección española./ FIBA

La generación más importante de jugadores españoles de baloncesto ha descrito un ocaso inversamente proporcional a los éxitos cosechados. En unos 15 años han ganado un Mundial (Japón 2006), dos Eurobasket (Polonia 2009 y Lituania 2011) y cosechado dos paltas olímpicas (Pekín 2008 y Londres 2012), triunfos que no quedan empañados por la derrota ante Francia en ‘su’ Mundial; un torneo diseñado para disputar el partido por la medalla de oro ante Estados Unidos y poner de esta forma un broche dorado. Sin embargo, España faltará al baile final debido que ni sus jugadores, ni su cuerpo técnico fueron capaces de entender el partido que planteó Vincent Collet y una Francia que ha perdido mucho (y muchas veces ante España) en el pasado, pero que ahora disfruta de su momento.

España y Estados Unidos eran las grandes candidatas al título. Casas de apuestas, aficionados y rivales así lo han comentado desde el primer día de competición. Por lo que prever una final entre ambos no significaba en ningún momento caer en un acto de prepotencia. Del “no estoy diciendo que Estados Unidos no sea igual de bueno que España, pero creo que España es favorita” de Goran Dragic tras caer en cuartos de final ante el Team USA al “quiero a España en semifinales porque son los mejores”, de Sasha Djordjevic tras el pase de Serbia a la ronda de las medallas. Son las mejores plantillas, pero eso hay que demostrarlo en cada envite.

Motivación

Posiblemente la principal diferencia entre ambos conjuntos ha sido la preparación y la intensidad con la que se han tomado la concentración ambos conjuntos, ya que la presión (entendida de manera diferente en ambas situaciones) estaba repartida por igual. Ante la denominada última gran oportunidad de esta generación de deportistas españoles, USA defiende en cada cita internacional el título de claro dominador del baloncesto mundial. Así que, mientras que desde los medios españoles se ha informado sobre que Víctor Claver y Serge Ibaka fueron los únicos jugadores que participaron en el entrenamiento voluntario de la mañana del partido ante el combinado galo o que Pau y Marc pasaron la noche anterior en Barcelona debido al nacimiento de la primera hija del mediano de los hermanos Gasol, Estados Unidos ha afrontado la segunda fase del torneo con más seriedad.

“Muchos jugadores NBA no querrían venir al pabellón hoy”, aseguró Mike Krzyzewski en la sesión matinal tras la victoria sobre Eslovenia. “Pero estos chicos… les preguntamos qué pensaban sobre venir y dijeron ‘vamos. Necesitamos ir al pabellón. Necesitamos reunirnos'”. Es cierto que han disfrutado de las motos de agua, paseos por Barcelona y actos promocionales, pero también lo es que DeMar DeRozan, décimo jugador en la rotación de ‘Coach K’, se encontraba entrenando en solitario mientras daba comienzo el citado último partido de cuartos de final.

Por lo tanto, las numerosas declaraciones de sus integrantes con respecto a que no habían visto a España, a su filosofía de partido a partido y a tomarse en serio a cualquier rival no son un farol. “A la gente le gusta pronosticar quien va a ganar. Eso es lo que se hace en el deporte, pero quienes compiten no pueden hacer eso. Demasiados buenos equipos, demasiados buenos jugadores…” (‘Coach K’).

Serge Ibaka./ FIBA

Una experiencia mal gestionada

Una de las características más obvias del torneo muestra que la media de edad del conjunto español (28.3) es superior al americano (24.1) en cuatro años. Este hecho repercute en el físico, pero también en la experiencia. Los integrantes de la selección española suman 1099 apariciones con la selección, mientras que los norteamericanos alcanzan las 92, que son 25 menos que Pau Gasol o 53 menos que Felipe Reyes (más internacionalidades).

Al margen de estos números, es más curioso conocer que los jugadores del Team USA sólo cuentan, entre todos, con 6.000 minutos más disputados en la NBA. Los nueve españoles que han disputado dicha competición suponen un promedio cercano a los 10.500 minutos, 2.000 por encima de los estadounidenses. Las apariciones en pista durante los Playoffs son más alarmantes ya que los españoles suman más del doble de minutos, en gran parte gracias a Pau Gasol ya que él (8.104) ha competido más tiempo que todos sus rivales juntos.

Con estos guarismos en la mano, además del hecho de ser local, la conexión madura existente entre los jugadores y su experiencia, lo lógico hubiese sido que las rotaciones del equipo anfitrión fueran más numerosas que en ningún otro equipo. Sin embargo, los hermanos Gasol han sido la pareja interior que más minutos ha disputado del torneo (hasta su eliminación). Y eso, a pesar de que Juan Antonio Orenga contaba con un recambio de garantías como es Serge Ibaka y de haber logrado un margen de 26.5 puntos a su favor en cada partido.

Este desequilibrio también se puede extrapolar al juego del equipo. Un conjunto que disfrutaba corriendo en la pista lo mismo que sufría cuando el partido se ralentizaba y había que jugar en estático. El 30% de acierto en triples que ha promediado España sólo es mejor que el de Egipto, Senegal y Corea. Los jugadores no han estado acertados, pero desde el banquillo no han llegado soluciones para aprovechar los numerosos puntos fuertes con los que contaban.

La noche es más oscura justo antes del amanecer, o al menos eso dicen. Sin embargo, el futuro del baloncesto español se asemeja más a una noche polar, de las que se alargan más allá de las 24 horas, ya que es necesario un cambio generacional que tendrá casi imposible igualar los estándares alcanzados por la generación del 80. Por si no fuera suficiente, la competición doméstica española se encuentra en una situación económica delicada, lo que repercutirá en el desarrollo de las futuras estrellas del baloncesto español.

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