Opinión

Marcelinho Huertas: progresión incuestionable

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Marcelinho Huertas y Sergio Rodríguez, en la semifinal de la Supercopa Endesa./ ACB PHOTO

Poco queda de aquel Marcelinho del Joventut con el pelo ensortijado. Apenas tenía 21 años cuando aterrizó en Badalona sin ser nadie ni siquiera en Brasil, país poco propenso al baloncesto. Podemos imaginar pocos lugares mejores que la Penya para poner una pica en Flandes, pocos equipos en Europa más propicios para que jugadores jóvenes crezcan, se hagan al baloncesto profesional de altura. Marcelinho progresó rápidamente al lado de Aíto García Reneses, inmejorable Pigmalión, compartiendo vestuario con playmakers como Elmer Bennet, André Turner, Carles Marco, Ricky Rubio o Demond Mallet.

Pero el camino de Marcelinho no fue de dirección única. En el verano de 2007, según cuenta Sito Alonso y es bien conocido por tantos otros, Joventut comunica a Marce que tiene por delante a Ricky y a Pau Ribas, apuestas de la casa, y que quizá debería buscarse la salida a un equipo que apueste directamente por él. El jugador brasileño capitaliza sus méritos en Badalona y logra una cesión más que interesante al emergente Iurbentia Bilbao Basket de Txus Vidaurreta. Allí Marcelinho cuaja una temporada estupenda y empuja al joven equipo bilbaíno a un notable salto de calidad: finalistas de la Supercopa en septiembre, semifinalistas en la Copa de febrero y también semis en postemporada. Con el equipo bajo su manija y la afición vasca en el bolsillo una extraña maniobra de Jordi Villacampa y del representante de Marcelinho rompe con el escenario más que probable de la continuidad en Iurbentia y termina con el jugador brasileño en el Fortitudo de Bolonia. El traspaso es extraño, el sorprendente desenlace del culebrón ACB del verano de 2008. Nunca estuvo del todo claro cuáles fueron las razones exactas, pero en cualquier caso, Bilbao se quedó compuesto y sin base.

En Italia las cosas no marchan para Marcelinho: ni la salud le respeta ni tampoco se entiende con su entrenador, y el equipo cortocircuita hasta el punto de descender de categoría a final de campaña. Tiempo más tarde el propio jugador calificaría la temporada como “un auténtico desastre”, pero curiosamente, el periplo italiano le lleva a alcanzar una cota mayor, como si hubiera dado un paso atrás para luego dar dos adelante. Finalizada la temporada el Baskonia entra en escena y se trae de vuelta a España a Marcelinho, que viene a suplir la baja de Pablo Prigioni. El reto es mayúsculo pero la oportunidad es de oro. Marcelinho la aprovecha y en Vitoria se asienta en la élite, ganando los títulos de Liga, Copa y Supercopa. Dos años después, la marcha de Ricky Rubio a los Timberwolves deja a Chichi Creus con prácticamente dos únicas opciones en el mercado en caso de querer un base verdaderamente bueno: Milos Teodosic o Marcelinho Huertas. El compromiso del primero con CSKA hace infructuosas las negociaciones, y finalmente, no sin esfuerzos, se cierra la opción Marcelinho y éste recala, de nuevo, en la Ciudad Condal.

El jugador paulista llega al Barcelona Regal como un base sin defectos. De su época en Joventut Aíto ya decía que era un chaval realmente despierto e inteligente, aunque por entonces aún tuviera mucho que pulir. Su progresión baloncestística se describe como una evolución desde la potencia hacia el control, con especial atención a la lectura de juego y la defensa. De su sexta velocidad y de su correr alocado por la línea ya no se tienen noticias. Bota, manda, busca las mejores situaciones con escaso margen de error, es sólido, muy hecho físicamente y con total capacidad de penetración y tiro. Y como bien sabe su amigo Thiago Splitter, hace el pick and roll como los ángeles. De su repertorio particular destaca lo que Piti Hurtado ha llamado el tiro “a un tobillo”, o “one legged shot” según Gonzalo Vázquez, un tiro en carrera utilizando un solo apoyo, siempre el izquierdo, normalmente desde media distancia. Todo un ‘truco’ para completar un catálogo de destrezas que no tiene carencias.

En suma, no parece existir ningún base FIBA más completo que Marcelinho, ni ninguno con su progresión. Marcelo Tieppo Huertas ha quemado etapas hasta lograr hacerlo todo y hacerlo todo bien. Su evolución es evidente, incuestionable para cualquiera que le haya seguido la pista. Está por ver qué versión veremos en Barcelona pero, rapado o con el pelo largo, Marcelinho es el base del momento.

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