Opinión

McMillan, digan lo que digan

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Nate McMillan./ Getty

Desde que Nate McMillan dejó el puesto como entrenador de Portland he dado muchas vueltas a su labor como técnico. Él es un tipo estricto, defensivo y, a veces, se le ha culpado de destruir a jugadores medios porque no cumplen su ética de trabajo.

A pesar de esto último, creo que su perfil es perfecto para dirigir a una plantilla invadida por el desorden y una juventud mal llevada. Me refiero al caso de Washington Wizards. Un equipo repleto de grandes jugadores incapaces de hacer equipo, en el sentido más familiar de la palabra. Lo que en Estados Unidos llaman ‘brotherhood’.

McMillan puede aportar cierta competitividad (sana) y el rigor defensivo que Randy Wittman ha introducido como técnico interino tras la marcha de Flip Saunders.

La mala compostura durante tres temporadas de ‘Cortefiel Suanders’ convirtió a los jugadores de Washington en auténticos insurgentes sobre la cancha y en ocasiones hasta parecía que jugaban para el enemigo. Una realidad que se personificaba en JaVale McGee y Nick Young hasta sus traspasos a Denver Nuggets y Los Angeles Clippers, respectivamente. Talento desperdiciado que no podrá aprovechar quien ocupe el puesto de entrenador jefe la próxima temporada.

Estoy seguro que desde los despachos de la franquicia capitolina ya barajan imponer la doctrina de McMillan, que es algo así como llevar al ‘hermano mayor’ a que ponga orden en casa.

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