Opinión

Nash

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Steve Nash, dejando un semigancho con la izquierda ante Nowitzki./Getty

Uno puede encontrar prácticamente de todo entre los más de 400 jugadores que componen las 30 franquicias de la NBA. En una liga cada vez más global, la variedad de nacionalidades ya no sorprende más que la gran mezcla de personalidades e inquietudes que se reúne en cada una de las plantillas. Sin embargo, entre toda esta mezcla, Stephen John Nash nunca ha pasado desapercibido.

El base canadiense (nacido en Sudáfrica) ya fue considerado una rareza cuando aterrizó en la liga allá por 1996 para jugar en los Phoenix Suns tras haberse convertido en un auténtico ídolo en la Universidad de Santa Clara, donde su camiseta está retirada. Jugando en una posición ocupada en la mayoría de los equipos por explosivos bases negros, muchos quisieron ver en Nash una versión renovada de John Stockton. Sin embargo, su adaptación a la liga no fue sencilla y, aunque fue progresando gradualmente, hubo que esperar hasta su quinta temporada -tercera en los Dallas Mavericks– para apreciar su verdadera condición de jugador estelar.

Tanto en los Mavs junto a Dirk Nowitzki como en su regreso a los Suns, Nash (MVP de la temporada en 2005 y 2006) no ha dejado de ofrecer clases magistrales en cada partido gracias a su portentosa habilidad para anotar, asistir y manejar el balón. A sus 37 primaveras, el base no da indicios de agotamiento y, pese a la decepcionante última temporada de los Suns, parece empeñado en seguir luchando por un anillo que pondría la guinda a una gran trayectoria.

Pero más allá de su indiscutible calidad en la pista, Nash se ha ganado el cariño de sus compañeros de profesión y de los aficionados de todo el mundo por su personalidad abierta y su simpatía. Seguirle en Facebook y Twitter (@SteveNash) es muy recomendable si se quiere conocer al detalle cómo vive esta inquieta rara avis de la liga, que también tiene tiempo para recaudar fondos para los niños necesitados a través de la fundación que lleva su nombre.

Actor ocasional, modelo, viajero, melómano, seguidor del hockey sobre hielo como buen canadiense y, sobre todo, futbolero. Su padre, John Nash, fue futbolista profesional en Sudáfrica y transmitió su pasión por darle patadas al balón a sus hijos. Como su hermano pequeño Martin y su hermana Joann, Steve destacó sobre el césped al mismo tiempo que comenzaba a hacerlo sobre el parquet, pero al final de sus años de instituto decidió destinar sus 1.91 m. de altura al mundo de la canasta. Pese a ello, su amor por el fútbol no ha decrecido y actualmente es accionista del Tottenham inglés, además de un fan incondicional de la Liga BBVA.

Hace unos días, y gracias a su mencionada actividad en las redes sociales, pudimos ver a Nash felicitando en los vestuarios a su viejo amigo Nowitzki tras la memorable victoria conseguida en Miami por los Mavericks en el segundo partido de las Finales. También sabemos que ha estado de vacaciones en Jamaica; que vio por televisión el triunfo de Nadal sobre Federer en la final de Roland Garros; que está siguiendo en directo la lucha por la Stanley Cup entre los Boston Bruins y los Vancouver Canucks; y que en verano reside en Nueva York, donde entrena por su cuenta para evitar que los Suns se vuelvan a quedar sin Playoffs la próxima temporada. Lo dicho, un tipo incansable dentro y fuera de la pista.

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