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Navarro y la responsabilidad

Juan Carlos Navarro./FIBA Europe

La selección española de basket ha comenzado su andadura en el Europeo con un trote desigual, algo cansino y sin el brillo que aparentemente conceden las figuras. No seremos agoreros, claro que no, porque realmente creo en las posibilidades de este grupo pese a que aquello de la ÑBA, acuñado con más marketing que sentido del juego, es una etiqueta desafortunada. Quienes darán el triunfo a España no serán únicamente los NBA (y más viendo cómo jugó Ricky ayer).

Pau es un deportista inigualable y una bendición para el baloncesto español. Qué manera de empezar una columna… En la facultad nos decían que había que enganchar al lector en la primera línea para que siguiera leyendo con algo novedoso… En fin. No vamos a descubrir ahora las maravillas de un tipo que ha ganado dos anillos de la NBA, que se ha convertido, por derecho propio en uno de los mejores hombres altos de la liga y que ha tenido una progresión tremenda desde sus tiempos en el Barça. De Marc podríamos hablar un buen rato, de su futuro, de lo que tiene por delante, de su capacidad de adaptación a los entornos, de su proyección como uno de los mejores pívots del mundo… Incluso sería sencillo comentar las habilidades de Rudy, un tipo fibroso y saltarín con talento más allá de sus condiciones físicas. Pero cuando ves jugar a Navarro te das cuenta de que el órgano más importante de este deporte es el cerebro. Navarro no sólo dribla, o tira, o defiende: Navarro juega, ordena, observa y, por encima de todo, tiene un instinto superior al de cualquier otro jugador.

Recuerdo cuando era chaval y jugaba en un equipo, lo importante que era para un entrenador tener a alguien que pudiera asumir las responsabilidades en los momentos más complicados y que no se hundiera si fallaba. Crecerse ante los éxitos es muy sencillo, algo que incluso los mediocres pueden hacer. No arrugarse tras fallar es lo complicado. Y lo importante no era sólo jugarse el tiro: era saber, que a pesar de que se fallase, a pesar de que en un grupo siempre se suscitan envidias hacia los líderes y a pesar de que ese fallo pudiera acompañar un tiempo más que razonable (ah, la motivación) al tirador, se podía volver a contar con ese tipo en la siguiente posesión. Navarro es ese tipo. Es el jugador hacia el que se dirigen las miradas. Supongo que sabes cuándo estás ante alguien decente cuando le miras a la cara y no aparta la mirada. Una vez un jugador que estaba en la selección me dijo: “Si un día estallara una guerra, Juan Carlos es el tipo que quisiera tener en mi trinchera“. Se presenta un campeonato divertido y muy competitivo. Y Navarro volverá a asumir la responsabilidad cuando sea necesario. Para eso está.

@ssmenendez

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Fecha | 02.09.2011 18:01

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