Atlanta Hawks

Bienvenidos al mejor espectáculo del mundo

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NBA Playoffs./ Getty Images

169 días. Cinco meses y medio. 1230 partidos después. La NBA llega a su punto álgido, y lo hace con sólo dos días de letargo, con el comienzo de la postemporada. Unos playoffs que devorar, padre de las cábalas y lo contingente y madre de lo onírico. Como si de un sueño se tratase, cientos de jugadores, más jóvenes y más veteranos, afrontan con orgullo el KO de una competición con la satisfacción presente de un trabajo bien hecho. Y con ellos, equipos con personalidades diferentes, en ocasiones tan opuestas que nos llevan de obsesos de la captotrofilia y lo táctico a los alejados de puristas para definirse como meramente puros. Puros enamorados del showtime, adláteres de su naturaleza sobre la pista. Ígneos.

No trivialicemos, estos chicos se juegan mucho. Golden State Warriors, Houston Rockets, Losd Angeles Clippers, Portland Trail-Blazers, Memphis Grizzlies, San Antonio Spurs, Dallas Mavericks, New Orleans Pelicans, Atlanta Hawks, Cleveland Cavaliers, Chicago Bulls, Toronto Raptors, Washington Wizards, Milwaukee Bucks, Boston Celtics y Brooklyn Nets. Dieciséis franquicias para un único objetivo: entrar en la historia reciente para ser recordados en la historia futura. El pasado importa poco cuando te juegas estampar tu firma entre los más grandes. No vale claudicar ahora.

San Antonio Spurs defiende título en la temporada de las revelaciones. Adláteres de Gregg Popovich y de una filosofía muy efectiva, se torna complicado volver a alzar el anillo ante tantos equipos hambrientos, y las ganas de jugadores casi famélicos tras años yéndose de vacaciones antes de tiempo. La ostentación de un título de la NBA supone el culmen más sicalíptico de la carrera de un profesional del baloncesto.

Querrán ser muchos los protagonistas, pero sólo unos pocos conseguirán brillar. Rielar sobre un escenario único, inimitable e inmarcesible. Si la pasión es presa de los que nos desvivimos por esto, no digamos qué sienten los que de verdad viven desde dentro. De la desidia y dureza en defensa hasta el tiro más delicado. Miradas absortas, pupilas dilatadas, muñecas de alfeñique. Un reloj que no para de correr, con el estremecedor y a veces tan bello ‘tic tac’ al que nos encomendamos. Corazones acelerados, todo listo. Bienvenidos al mejor espectáculo del mundo.

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