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No todo lo que es oro brilla

Una foto histórica: España, campeona del mundo 2006./Getty

Un día como hoy, hace cinco años la Selección española de baloncesto se proclamó campeona del mundo. Tuvieron que pasar siete años para que los juniors de oro consiguiesen el mismo título que años atrás los había situado en el mapa mundial como una de las generaciones más talentosas de todos los tiempos. Algo antes ya se había perdido la final de un Europeo en Suecia que quizás nos pilló algo jóvenes, se ganó un bronce ilusionante en un partidazo de ensueño contra quizás el mejor jugador europeo de la historia, nos fuimos con una sonrisa de Indianápolis tras derrotar a EEUU en la lucha por el quinto puesto, lamentamos haber tenido que cruzarnos con los mismos americanos en Atenas después de haber quedado primeros de grupo y supimos que era jugar un Europeo sin Pau, que fue de más a menos.

Tras el triunfo de Japón, esta Selección entro en los anales de la historia del deporte. Pasaron de ser los “juniors de oro” a la “generación de oro”. Se arrastraró a miles de personas a la calle en Plaza de Castilla donde oímos a Pepu Hernández hablar de B-A-L-O-N-C-E-S-T-O y celebrar el título con la selección mientras en el run run de la gente se comentaba que el año próximo volveríamos estar allí tras ganar el EuroBasket que se jugaba en casa, en Madrid, al año siguiente.

Y fue en Madrid, donde la generación de oro se quedó retratada. Perdió la final en el último segundo en un partido en el que nuestras estrellas no brillaron: Gasol falló infinidad de tiros libres, Navarro, que rondó la treintena en semifinales no anotó ningún punto y fue el “ruso” de J.R. Holden el encargado de arrebatarnos en un suspiro lo que parecía imposible no conseguir: el cetro europeo. Ya no éramos invencibles. Croacia nos había avisado en la fase previa y de nada sirvió la paliza que semanas antes se había asestado a Rusia. Sabíamos que éramos los mejores y no pudimos demostrarlo.

Tras esto se fue Pepu y llegó Aíto. El equipo, en lugar de mejorar su juego, lo empeoró. No dimos la talla, sufrimos contra China y Alemania que en anteriores campeonatos habíamos arrasado. EEUU nos sometió en la fase previa y tras algunos minutos brillantes y selecciones bastante inferiores se logró alcanzar la plata olímpica, en un partido que sí fue del nivel de la selección y que no se pudo ganar porque enfrente se encontraba la mejor selección del mundo.

Llegó Polonia y llegó Scariolo, Pau volvía para recuperar el Europeo que Holden le había arrebatado. Hubo confusión, cruce de declaraciones y mal juego. Se volvieron a perder partidos y se empezaba a dudar de que la mejor selección, con diferencia, del campeonato pudiese ganar aquél torneo. Cuando llegó la hora de la verdad, un par de coletazos de nuestro juego bastaron para ganar con suficiencia aquel torneo y volvimos a ser de oro. Sólo faltan los Juegos Olímpicos para cerrar el ciclo de trofeos.

Y volvimos al Mundial sin Pau, el cual su ausencia ya notamos en Belgrado cinco años antes. Calderon ya no era el mismo por sus problemas de lesiones, Ricky empezaba su peculiar cuesta abajo de los 20 años y nos quedamos fuera a las primeras de cambio.

Hay que decir que la selección no ha sabido envejecer. Es curioso como la mejora de nivel individual de los jugadores era inversamente proporcional al nivel de juego exhibido en la cancha. Por nombres, quizás sea la mejor selección que hemos presentado en la historia, pero no acabamos de convencer y hemos sufrido mucho. Sólo el tercer cuarto del partido contra Gran Bretaña recordó a la selección española del primer lustro. Falta mucho pegamento y medio con Carlos Jiménez, el capitán, y Jorge Garbajosa. Los jugadores nuevos no han acabado de encontrar su rol en el equipo y parecemos cada vez más fáciles de ganar.

Probablemente algún partido se perderá antes de las fases previas se perderá. No hay que alarmarse, sino pensar en ese tercer cuarto contra Gran Bretaña. Sigue habiendo un nivel de excelencia altísimo en esta selección. Un nivel, que ningún combinado del europeo puede igualar. Otro año más, el mayor rival de España en un torneo vuelve a ser ella misma. Si se vencen los fantasmas y consigue encontrar el punto de motivación adecuado, Europa será roja de nuevo. Hasta entonces seremos otra selección más a la que cualquierá podrá ganar.

@encasrod

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Fecha | 03.09.2011 18:25

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