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Obsolescencia programada: las rodillas de Oden

Greg Oden./ Getty

Segundo post y de nuevo un mismo tema: las rodillas. Espero no estar cayendo en las redes de una extraña obsesión fetichista, pero es que es triste contemplar como un jugador se ve privado de desarrollar la actividad que ha elegido como eje central de su vida, a la que ha dedicado tantas horas, debido a una lesión. El caso de Greg Oden ha sido especialmente sangrante, una agonía interminable que finalmente se ha detenido en un anunciado punto y aparte, previsible final de capítulo, y quizá, ojala no sea así, la página definitiva de un libro que podía haber sido la gran novela americana de la década y se quedó en un deprimente relato corto para el Reader´s Digest.

Coincidiendo con ese intrigante cierre de mercado que nos ha deparado esta temporada NBA tan atípica, los Portland Trail Blazers daban a conocer este jueves de forma oficial que renunciaban a mantener al número uno del ‘draft’ de 2007 dentro de su plantilla. Mucho se ha hablado ya de las terribles cifras que salpican la hoja de servicios del pívot de 2,13 m. a lo largo de las cinco campañas en las que permaneció en la mejor liga del mundo: 9,4 puntos y 7,3 rebotes de media en 82 partidos jugados -justo la duración de una sola temporada regular-, cinco intervenciones quirúrgicas y 23 millones de dólares. Qué decir ante esto. En el listado alfabético de jugadores de la página oficial de la NBA, Greg Oden ya no existe, se ha esfumado como la paciencia de los Blazers, que trataron de recuperarle en medio de una desagradable sensación de déjà vu. Ignoro si la decisión se habrá tomado en las últimas horas o si ya se había retirado su perfil de la página anteriormente. En todo caso, el dato resulta ilustrativamente demoledor. Una prueba más de su progresiva evaporación de la liga.

Con tanto discurso tecnológico actual, a uno se le ocurre que las rodillas de Oden estaban destinadas a claudicar como uno de esos dispositivos electrónicos móviles cuya vida útil está programada para acortarse en un breve plazo de tiempo. Que sus articulaciones sufrieron un rápido acortamiento de su capacidad para rendir al máximo nivel, una cruel obsolescencia programada cuyo deterioro se debió activar en 2007, cuando el de Buffalo dominaba la NCAA con los Buckeyes de Ohio State. Llama la atención que ningún examen médico alertara de estos riesgos. A finales de febrero, tras dar conocer que Oden pasaría por el quirófano de nuevo, los Blazers reemplazaban al gigante, de sólo 24 años, por un viejo conocido, Joel Przybilla, que regresó a la franquicia de Oregon después de un breve paso por los Bobcats, eso sí, una vez superado el pertinente reconocimiento. Przybilla tiene 32 años, Oden sólo 24. En Portland dejaban de lado un smartphone defectuoso para rescatar uno de esos robustos Nokias de hace años que uno guarda en el cajón para emergencias.

Meses atrás, Michael Smith, analista de ESPN, exponía en voz alta un pensamiento personal: “cada día que vengo a trabajar, me recuerdo a mí mismo que las rodillas de Greg Oden se niegan a permitírselo”. Esperemos que el destino guarde a Oden un drástico cambio de fortuna, y que, jugando o no, sea capaz de olvidar una etapa tan dura. No será fácil.

@DarioQ76

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Fecha | 21.03.2012 10:34

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