Una nueva era

Rick Adelman, uno de los candidatos al banquillo de los Lakers./Getty ImagesLo mismo que Basket4us comienza su andadura en el mundo de la información sobre NBA en castellano, los Lakers empiezan a pensar en cómo será su nueva vida. Una transformación dinámica y que, por su historia, debe ser eficaz y solvente. La empresa será difícil; el entrenador con más anillos de todos los tiempos se ha marchado y el hueco dejado en el banquillo es más grande que el Cañón del Colorado. Y ante eso, el abismo del fracaso es algo casi palpable.

Desde la eliminación en los playoffs, los rumores de toda índole fueron apareciendo. Unos relacionados con entrenadores, otros con traspasos y otros, más desagradables, con la vida fuera de las canchas. Los Lakers se habían convertido en el objetivo favorito para media América. Críticas excesivas en muchos casos pero también acertadas en un 80 por ciento. Si eres campeón y pierdes, estas situaciones son consecuencia de tus triunfos.

La lista de candidatos al banquillo es larga e interesante. Algunos nombres suenan a baloncesto e interés real y otros a filtraciones de representantes que buscan que su cliente gane enteros en otros lugares. Del primer tipo son los nombres de Adelman y Brian Shaw. Del segundo grupo podemos incluir a Mike Brown (¿se imaginan a este caballero escupiendo en un vaso en medio de una de las ciudades más pendientes de la imagen de todo el mundo?).

Brian Shaw es la opción de la continuidad. Su condición de apóstol del triángulo ofensivo, ofrecería a unos Lakers bastante similares en ataque. La defensa cambiaría ligeramente y su buena relación con los jugadores significaría que el cambio de protagonista del cargo no seria radical. Pese a todo esto, parece ser que la franquicia no se atreve a darle las riendas a un asistente aunque haya estado años ligado a los Lakers.

Rick Adelman es, ahora mismo, el candidato. Por nombre y experiencia, los Lakers podrían darle las llaves del castillo porque su currículum así lo dice. Juego vistoso y con años en la liga; sería su gran momento en busca de un anillo. Está acostumbrado a la presión y quiere ser un entrenador campeón de verdad. Pero tendrá trabajo por delante, y aquí hablamos del análisis de la plantilla.

Kobe Bryant es intocable. Los Lakers son el equipo de Kobe y eso no va a cambiar. Odom, Gasol y Bynum son también intocables por sus contratos y por su peso específico. Estos cuatro jugadores, en buena forma, son de lo mejorcito de la NBA. Cuando Adelman mira el resto de la lista puede resoplar. Hay varios casos delicados y algunos contratos “pesados”

Derek Fisher, capitán de los Lakers, debería continuar, pero pasando a ser el base suplente. O hacerle un “buyout”, aunque esa opción es más desagradable y no se merece una salida así. Lo cierto es que ha sufrido con Barea y antes con Paul. No tuvo sus momentos “Fisher” en los Playoffs. Debe seguir pero en un segundo plano.

Artest/Barnes: contrato alto el de Ron. Ya coincidió con Adelman en Houston y Sacramento. Se entienden bien pero seguro que el técnico podría desprenderse de Artest y su contrato a cambio de algún base o alero. Matt Barnes podría continuar o salir.

Lo cierto es que los cambios en la plantilla van a ser muy complicados. Tampoco hay mucho margen en el plano económico porque los Lakers tienen una de las plantillas más caras de toda la liga. Sin embargo puede haberlos. Por ejemplo, traspasan a Blake y Barnes y obtienen a un base titular. Pero claro, ¿quién puede querer a estos dos jugadores?
Pues ahí entran Odom, Gasol y Bynum. Contratos altos (demasiado) pero mucha calidad y se pueden obtener mucho a cambio.

Sin embargo, perderías un activo presente. Es la pescadilla que se muerde la cola. Tendrán que navegar en el mercado de los agentes libres en busca de alguna cosa atractiva (que las hay) y deshacerse de algún lastre del banquillo. “Colocar” a gente como Blake sería un acierto pero difícil. Una nueva era compleja pero esperanzadora porque la próxima temporada los Lakers quieren recuperar su sitio y ser los reyes de la ciudad. Y todos van a ir en la misma dirección.

@ICano14

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Fecha | 23.05.2011 11:30

Magia negra

El mítico Dominique Wilkins en uno de sus poderosos y estilistas mates con la camiseta de los Hawks./Getty Images

Os voy a confesar algo: Siempre me he sentido joven.

Joven físicamente y también de espíritu. Hasta hace unos días, en los que tuve la siguiente experiencia. (Totalmente real, os lo juro por el Sky Hook deKareem, y el afro del Dr.J).

La cosa sucedió así; al escuchar en un programa deportivo la retirada de Jason “Chocolate Blanco“ Williams y tras la sorpresa inicial, mientras estaba repasando mentalmente algunos de sus espectaculares pases, una señal de alarma saltó en mi interior.

Sin saber por qué, de repente empezaron a desfilar por mi mente todos los jugadores a los que había visto iniciar su carrera en la NBA para, al cabo de unos años, acabar siendo testigo de su retiro.

Como si de una película se tratara, empecé a rebobinar a base de flashbacks: FLASH! El genial crossover de Iverson, el imprevisible Spreewell anotando de tres en los segundos finales desoyendo las instrucciones de Van Gundy … los vi empezar, si! no hace mucho creo, pero … un momento espera! FLASH! Poco antes, con Payton “el guante” y Kemp corriendo un contraataque con los Sonics me pasó lo mismo!! Parece que fue ayer. FLASH!

Otro salto hacia atrás y allí en el el Chicago Stadium, Jordan y Dominique batiéndose el cobre en el concurso de mates…FLASH!

Pues no estaban hace nada Doc Rivers y Nate Mc Millan correteando por la cancha y ahora son entrenadores que parece lleven toda la vida en el cargo? Mientras que yo, me sigo sintiendo exactamente igual que cuando los vi jugar por primera vez.

¿Cómo puede ser? ¿Alguien me lo explica? ¿Qué tipo de Vudú es éste?

Al parecer, mi ilusión se ha mantenido intacta con el paso de los años y juvenil como el atractivo Dorian Grey en la novela de Wilde, aunque en este caso, en lugar de un retrato maldito que envejece y se consume con el devenir del tiempo, tengo todo un museo de imágenes en mi cabeza, una colección de momentos inolvidables que, de vez en cuando, vuelven a la luz para hacerme sentir como aquel niño de 10 años cuando por primera vez se puso ante el televisor para ver un partido de la NBA.

¿Qué magia puede ser tan poderosa como para absorber te de tal manera que llegues a creer que el tiempo pasa para todo el mundo excepto para ti?

Es muy probable que sea magia negra, si, una apasionante y maravillosa magia que se invoca con estas cuatro sencillas palabras: “I LOVE THIS GAME”.
FLASH!

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@drloncho

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Fecha | 22.05.2011 18:26

¿Vacaciones? ¡Que nadie se relaje!

Año 1965, un grupo de jóvenes juega al basket en Harlem (Nueva York)./Getty Images

Después de una temporada entera cubriendo a los Knicks en la Gran Manzana, la eliminación en play offs a manos de unos nada compasivos Boston Celtics deja una sensación de vacío importante. Se acabó mirar al calendario para ver cuándo es el próximo partido en casa, se acabó programarse entrevistas, se acabó… La NBA bajó el telón en New York y el Madison Square Garden cierra sus puertas a los Bockers hasta la próxima campaña (que sabe Stern, digo que sabe Dios cuando empezará). ¿Y ahora qué? Pues ahora, tranquilidad porque el baloncesto no se va de vacaciones en la ciudad de los rascacielos.

Según cuentan en las películas, cuando el tornado parece que ya ha pasado, en realidad no es cierto. Se supone que ese momento de calma y tranquilidad coincide con el epicentro del torbellino, que sigue desplazándose y volverá a hacer una segunda visita en cuestión de poco tiempo. Salvando las devastadoras distancias, el baloncesto en New York se mueve de una forma similar. Después de toda la expectación e interés mediático que despertó la presencia de los Knicks en play offs, tras siete años sin hacer acto de presencia, todo queda en una silenciosa calma que se romperá en cuestión de días.

Sin casi tiempo para asimilar la ausencia de balones botando y atravesando aros, los torneos veraniegos de NYC hacen acto de presencia. Gimnasios de pequeñas universidades de Manhattan y playgrounds de toda la ciudad son el escenario en el que jugadores NBA, universitarios y americanos que despliegan su baloncesto overseas mantienen su la forma y se ponen a tono para la próxima temporada. Alta competición, rivalidades y el respeto de un público que no se conforma con cualquier cosa son el aderezo perfecto que obligan al basket a mantenerse activo en New York. ¿Quién será la estrella emergente del verano y el jugador a seguir la temporada que viene? ¿Quién será el bluff de este año que perderá toda la credibilidad de una audiencia tan exigente como la neoyorquina? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? Muchas preguntas que serán respondidas antes de lo que el sol y el buen tiempo se marchen de vacaciones y dejen la Gran Manzana. Antes de que la NBA y la NCAA vuelvan a tomar el mando de la capital mundial del baloncesto.

@AntonioGil_SOSE

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Fecha | 21.05.2011 16:41

Kobe, Pau, ¿ahora qué?

La pareja de los Lakers, Kobe Bryant y Pau Gasol./Getty ImagesPhil Jackson se ha ido. Si estuviéramos en España la razón sería por la dolorosa eliminación por 4-0 ante Dallas Mavericks y la última paliza por 36 puntos, pero no, eso ha sido cosa del dichoso destino, porque el mejor entrenador de la historia ya había anunciado con un año de antelación que lo dejaba. Su exitosa carrera no quedará marcada por esta última derrota, sino por haber ganado tantos anillos que no le caben en los dedos de las manos: 11. El ‘maestro zen’ fue el artífice de volver a colocar a Los Angeles Lakers en la órbita, y ahora deja al equipo angelino con una sola pregunta: ¿Ahora qué?

Lo primero que deberá abordar Mitch Kupchak será la papeleta del nuevo entrenador. La plantilla de los Lakers quiere a Brian Shaw; Jerry Sloan es el candidato con más renombre y Byron Scott, que ya está viviendo en Los Ángeles, parece ser el mejor situado y el de mayor agrado de la cúpula californiana. Luego está el asunto del intercambio de piezas, y la única cotizada es la de Andrew Bynum.

Los rumores sobre Pau Gasol aumentarán con el largo verano y el ‘Lock Out’ que se atisba, pero no creo que sean ciertos. El catalán ha hecho unos malos ‘Playoffs’, sí, pero no hay que olvidar que fue quien ayudó a la consecución de sus dos últimos anillos a Kobe Bryant. Lamar Odom, Gasol y el mejor jugador de la NBA seguirán en Los Angeles, este último con el deseo de alcanzar al mejor de todos los tiempos, Michael Jordan, en lo que anillos se refiere, seis. Jordan ganó el último con 35 años, Kobe tendrá 33 al inicio de la temporada que viene; por edad y ganas aún puede alcanzarle en títulos, pero no en ‘lo otro’, en lo de jugar al baloncesto, donde siempre será su sombra.

@JVillaluenga

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Fecha | 20.05.2011 19:34

Lakers-Celtics, rivalidad eterna e interrumpida

Larry Bird y 'Magic' Johnson posan con el trofeo de campeones del año 1986./Getty Images
Real Madrid – Barcelona, River Plate – Boca Juniors, AC Milan-Inter… Las rivalidades en el mundo del fútbol son numerosas y eternas. Pero si hablamos de baloncesto, hay una que destaca por encima de todas. Los Boston Celtics y Los Angeles Lakers son las dos franquicias más legendarias de la NBA, las que más títulos acumulan y las que capítulos más vibrantes han escrito conjuntamente en unos enfrentamientos por el anillo que se reeditan cíclicamente.

Este contra Oeste, eficacia contra espectáculo, tradición contra improvisación y, en algunas épocas y exagerando un poco, incluso blancos contra negros. Son solo algunas de las diferencias que a bote pronto se pueden establecer entre dos concepciones históricamente antagónicas de un mismo deporte, pero igualmente maravillosas.

Hay que remontarse a 1959 para fechar el comienzo de las hostilidades entre ambos equipos. Los Lakers aún jugaban en Minneapolis cuando los Boston Celtics les infligieron un severo 4-0 en la lucha final por el título. En los 60, ya con los Lakers en la soleada California, ambos equipos se encontraron hasta seis veces en las finales y en las seis ocasiones los anillos fueron a parar, nunca sin una férrea oposición, a los dedos de los “orgullosos verdes” de Red Auerbach y Bill Russell para desesperación de otras dos grandes leyendas como Jerry West y Elgin Baylor.

La NBA sufriría su mayor crisis económica y sus audiencias más bajas en la década posterior y esto afectaría también a la rivalidad entre Lakers y Celtics. Aunque los angelinos alcanzaron tres finales en los 70 y los bostonianos dos, ambos conjuntos nunca llegaron a coincidir en la lucha definitiva por el anillo. Sin embargo, esta ausencia de enfrentamientos iba a ser solo la calma antes de la tempestad, ya que no habría una sola final entre 1980 y 1989 en la que no estuviera presente al menos uno de los dos equipos.

Dos jugadores ponen cara, cuerpo y alma a esta historia de enemistad que, salvo contadas excepciones, siempre se ha mantenido dentro de lo puramente deportivo. Earvin “Magic” Johnson y Larry Bird trasladaron al baloncesto profesional una rivalidad personal que ya había empezado en su etapa universitaria con Michigan State e Indiana State, respectivamente. El carácter de ambos jugadores encajó a la perfección con la idiosincrasia de cada equipo. Así, la simpatía y espontaneidad de “Magic” fue bienvenida entre la afición hambrienta de espectáculo del Forum de Inglewood, mientras que en el Boston Garden aplaudieron la seriedad y frialdad del bigotudo Larry.

Con el célebre grito de “Beat L.A.” ya instaurado en Boston, los Celtics vencerían a los Lakers en las finales de 1984 por 4-3. La venganza llegaría solo un año después, cuando el equipo californiano, liderado por “Magic” y Kareem Abdul-Jabblar, se impuso por primera vez a los Celtics en la lucha por el anillo por 4-2, consiguiendo lo que nadie había podido hacer hasta ese momento: levantar un título en el Boston Garden sin vestir de verde.

En 1987 tendría lugar la última batalla por el título entre ambos conjuntos en el siglo XX. Con “Magic” como indiscutible MVP, los Lakers volvieron a endosar un 4-2 a unos Celtics que esta vez sí pudieron evitar el mal trago de ver a su máximo rival celebrar el campeonato en Massachusetts.

Los 90 fueron una etapa triste para unos Celtics sumidos en una infructuosa reconstrucción. Por su parte, los Lakers tampoco vivieron sus mejores años en una década marcada por el dominio de los Chicago Bulls del todopoderoso Michael Jordan.

El cambio de siglo le sentaría estupendamente a los angelinos. Con Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y Phil Jackson en el banquillo sumaron un “triplete” de títulos entre el 2000 y el 2002 para recortar diferencias históricas sobre unos Celtics que seguían con su particular travesía en el desierto. Todo cambiaría en 2007 cuando en Boston se presentó un equipo llamado a arrasar en la liga de la mano de tres grandes estrellas. A Paul Pierce se unieron Ray Allen y Kevin Garnett para formar el denominado “Big Three”.

Los Lakers respondieron en febrero de 2008 haciéndose con los servicios de Pau Gasol, que dio al equipo el impulso necesario para llegar a unas finales donde los Celtics impusieron su mayor cohesión como equipo. En 2009, los Celtics acusaron la ausencia del lesionado Garnett y cayeron en la final de conferencia frente a Orlando Magic, allanando el camino para que los Lakers ganaran su decimoquinto anillo con comodidad.

La venganza de las finales de 2008 llegaría en 2010. Con el dúo Bryant-Gasol a pleno rendimiento, los Lakers se impusieron al equipo entrenado por Glenn “Doc” Rivers, que vio como su máximo rival se situaba a solo un anillo de igualar los 17 de los de Boston.

El futuro se presenta incierto para Lakers y Celtics tras la decepción que han sufrido esta temporada, cayendo en semifinales de conferencia frente a Dallas Mavericks y Miami Heat, respectivamente. El adiós de Phil Jackson, los posibles traspasos y la edad de jugadores estelares de ambos equipos pueden definir la continuidad o no de la rivalidad en un futuro cercano. ¿Habrá que esperar otros 21 años para ver de nuevo verde contra amarillo en unas finales?

Por Marcos Prieto (www.defensailegal.blogspot.com)

@marcrampas

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Fecha | 20.05.2011 12:45

Esas estadísticas que nunca lucen…

Durant y Nowitzki, frente a frente./Getty ImagesSigo viendo atónito el vuelo de los Mavericks en estos playoffs, tras la victoria de ayer frente a los Thunder y, claro, como todo el mundo, soy capaz de ver los porcentajes y las cifras de Dirk Nowitzki y de Kevin Durant o la mala actuación de Rusell Westbrook, que alterna lecciones de mando magistrales con días de trueno, como el de ayer (un defecto que en muchas ocasiones lo cura la edad, el de la inexperiencia, decía mi abuelo). Las cámaras del mayor espectáculo del mundo se centran en la cara de francotirador del alemán desde la línea de tiros libres, el gesto grandilocuente del que será sustituto de James, si es que éste algún día lo permite, o las caras de Rick Carlisle, que casi creía estar viendo una intuición y una oportunidad única. Lo de Nowitzki, especialmente, merece un capítulo aparte, como bien han reseñado mis compañeros de Basket4us.

Pero me sorprende que casi nadie haga mención a lo siguiente: el jugador que más asistencias dio en los Thunder fue… Durant (5, por 4 de Harden). En los Mavs está un valor seguro: Jason Kidd repartió 11 en 35 minutos. El mejor reboteador de los Thunder fue… Durant (8 rebotes, todos defensivos. El siguiente, Ibaka con 6, y de ahí, para abajo). En los Mavs estuvo más repartido: 8 de Chandler, 7 de Marion y 6 de Nowitzki, aunque recogieron menos al final del partido. ¿Los banquillos? Sencillamente nos encontramos ante la fortaleza de los Mavs: Barea, 21 puntos. Terry, 24. Y los jugadores de segunda línea, como Marion, pese al contratiempo de su golpetazo, 11 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias en 27 minutos.

Está claro que los highlights de la noche serán para Nowitzki y Durant, pero desde luego Barea, Terry, Marion o Kidd merecen esta columna, porque serán los que lleven a los Mavericks a la final… si Harden, Westbrook e Ibaka no lo impiden.

@ssmenendez

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Fecha | 19.05.2011 12:11

Playoffs NBA, el sitio de los campeones

Michael Jordan puntea un tiro de Larry Bird durante un Celtics-Bulls del año 1987./Getty Images

Le preguntaron en cierta ocasión a Michael Jordan cómo era capaz de anotar siempre la canasta decisiva en los partidos importantes, cosa que sucedía una vez sí y otra también. “Porque me pagan para meter esa”, respondió tranquilamente. En efecto, los otros 20, 30 ó 50 puntos que engrosaban sus estadísticas y nos dejaban maravillados estaban muy bien, pero pudiera haberlas metido otro en teoría, aunque la realidad era que también solía firmarlas él. Pero esa que te daba el partido, el pase de ronda en los play offs o directamente el título, era innegociablemente suya.

Por aquellos mismos días en que leía esa entrevista, recuerdo ver por televisión a un pujante base español, que en ese momento negociaba un contrato trascendental para su carrera, fallar profusamente tiros libres durante la prórroga de un cruce de cuartos de un Eurobasket que se jugaba pocos días después de la muerte de Drazen Petrovic, para dar algunas pistas sin que sean demasiadas.

Si en las distancias cortas es donde una colonia de hombre se la juega, que proclamaba el anuncio, son los partidos y los lances de “pierde y paga”, que diría José Ramón Trecet, los que definen a los campeones. Larry Bird metía la manita –esa que tan prodigiosamente se coordinaba con su ojo- en las narices de Bill Laimbeer para robar el balón que los Pistons sólo tenían que sostener cinco segundos en ese Boston Garden para ganar el quinto partido de la Final de Conferencia de ese año. Luego acertaba a pararse justo antes de pisar la línea, miraba y asistía a Dennis Johnson para registrar el 3-2 que salvaba el factor cancha y en efecto al final resultó decisivo.

La diferencia entre los jugadores excelentes y los verdaderamente ganadores suele apreciarse cuando llega la verdad de los Play Offs. Ahí hemos visto a no pocos MVPs desinflarse o, por el contrario, demostrar que sus credenciales eran legítimas. Y jugadores –y equipos- que después de una temporada regular más que titubeante, sacan a relucir lo mejor de sí mismos justo cuando se anuncia que, después de ni se sabe cuántas manos a los chinos, se juega la que vale una ronda. Los Lakers han venido siendo el mejor ejemplo de esa virtud de saber estar y competir en el momento clave.

Los Play Offs hacen campeones y determinan quiénes no lo son. Hemos conocido jugadores especialistas en las fases regulares, de MVP o de quinteto inicial de la temporada, que no rendían lo mismo cuando llegaban las series. Por no hacer la lista demasiado extensa, recordar a grandísimos como Horace Grant, a Jason Kidd, Steve Nash o el mismo Dirk Nowitzki. En cambio, Dwayne Wade se vuelve un coloso –aquella final tremenda de 2006. Y este año, aunque sean sus primeros Play Off, hemos visto que Marc Gasol puede ser de esa casta de jugadores.

En definitiva, por mucho que se siga debatiendo sobre si los Playoff son el modo idóneo y justo de resolver una temporada, como mínimo podemos asignarle este punto a favor: aquí es donde podemos ver y apreciar a los verdaderos campeones.

Enrique de Pablo
Autor del blog Byenrique http://byenrique.wordpress.com

@EnriquedePablo

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Fecha | 19.05.2011 12:10

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