NBA

Parte del barco, parte de la tripulación

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Dick Bavetta./ Getty Images

Desempeñan su labor sobre el parqué, sus camisetas lucen dorsales y el logo de la NBA, reciben reconocimientos por su labor, algunas veces aplaudidos y en muchas ocasiones abucheados por el público. No son los protagonistas principales. Hablamos de un colectivo denominado frecuentemente como ‘un mal necesario’ o rara avis: los árbitros.

El porqué de este tema es muy sencillo. Entre los guarismos históricos de la presente temporada cabrá destacar que probablemente Kevin Durant bata a Michael Jordan consiguiendo el mayor número de partidos consecutivos  anotando veinticinco puntos o más*, las 19 victorias seguidas de San Antonio Spurs o, en el lado opuesto, las 27 derrotas consecutivas de los Philadelphia 76ers. A esta lista hay que añadir el nombre del colegiado Dick Bavetta y sus 2.633 partidos (y sumando) pitados de manera continuada.

Este neoyorquino de 74 años bien podría haber sido protagonista de aquel anuncio del servicio postal: “entregado llueva, truene o nieve”. Aplicando un paralelismo a sus más de 38 años como colegiado NBA, Bavetta pita a pesar de tener rota la nariz (gracias a Jalen Rose, de manera fortuita, en una trifulca con Patrick Ewing), cierres de aeropuertos, carreteras bloqueadas por la nieve, ciclogénesis explosiva, etc. Capaz incluso de gastar cuatrocientos dólares en una carrera de taxi para llegar desde Bangor (Maine) hasta Boston. “Me he perdido cumpleaños, pero no bodas”, decía en palabras recogidas por la NBA antes de superar, en el Madison Square Garden, al antiguo poseedor del récord, el jugador de béisbol de Baltimore Orioles Cal Ripken Jr.

Bróker antes que árbitro, impartió justicia en partidos de instituto, universidades y ligas menores hasta que, al noveno intento, se convirtió en árbitro profesional. Trabajó a tiempo parcial los dos primeros años, convenció y hoy en su hoja de servicio aparecen, además del ya comentado récord, 270 partidos de playoffs, 27 de Las Finales y presencias en All-Star Game y Juegos Olímpicos (Barcelona 92). Ése es Bavetta, el árbitro inmortal.

Estaremos de acuerdo en coincidir en que su habilidad camaleónica para perdurar en el tiempo es innegable. Además de los cambios de normativa que el juego ha propiciado, caben destacar dos muy significativas: la adición de un colegiado (de hecho tuvo que pitar un partido en solitario al romperse una pierna su compañero de arbitraje) y el replay. El gran mérito de Bavetta, cuya profesionalidad es plausible y demostrable con la lista de cifras que hemos comentado anteriormente, ha residido en saber convivir con los cambios tecnológicos y participar de manera activa en el show de la NBA. Competir en una carrera con Charles Barkley en un AllStar Weekend, una más de sus innumerables anécdotas.

*A fecha de redacción de este texto, Durant iguala el registro de Jordan.

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