Dallas Mavericks

Pero ¿le han contado a Rudy cómo es Dallas?

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Imagen panorámica del centro financiero de Dallas./Getty

Rudy Fernández va a jugar la temporada que viene –bueno, si al final hay temporada que viene- en el equipo campeón de la NBA. Ha dado un buen golpe, hay que felicitarle y desearle toda la suerte. Ahora, ¿le ha contado alguien adónde va? No me refiero a los Mavericks, de eso no me cabe duda de que está muy al tanto. Pero es que siempre he tenido cierta sensibilidad acerca del estilo de vida que un europeo –principalmente un español- puede encontrarse en según qué sitios de esa América. No conozco Portland. Pero sí Dallas, un poco, dos días que creo fueron suficientes.

Aterrizado el vuelo de Delta Airlines, lo primero que recuerdo es la solanera a eso de las seis de la tarde. Un taxista senegalés muy simpático me invita a subir a su vetusto cab, hasta me dejó fumar dentro, un verdadero lujo en los States. “¿Where are you from?” (eso sí, pronunciado no exactamente como esperaríamos). De Madrid, España, respondemos. “Oh, Real Madrid”, saltó encantado. Luego nos diría que era amigo de Kuffour, el ghanés del Bayern Munich, que por otro lado nos acababa de eliminar en semifinales de la Champions.

Este primer episodio amable nos distrajo un poco de las “incomparables” vistas. Desierto y carretera. Y de pronto ¿pero ya hemos llegado? Cuatro rascacielos, feos, moles rectas y oscuras, sin adornos ni matices; y el hotel. Se trataba de una reunión internacional de la multinacional en la que trabajaba, y allí nos alojábamos, allí tendríamos nuestras reuniones y allí haríamos el 90% de nuestra vida en Dallas. Algo me voy a perder, pensé. Había imaginado qué menos que cow boys, sombreros con estrella, rodeos, J.R… Nos tenían preparada la cena de recepción: mucha cerveza, burritos, tacos, nachos… y aire acondicionado a discreción.

Al día siguiente recuerdo salir a la calle, en un break de una de las reuniones. Era mayo y estaríamos a unos 45…Celsius me refiero. Una parada de autobús donde esperaba una cola de no sé si senegaleses, ghaneses, nigerianos … No había nada más bajo ese Sol. Es habitual que, cuando se organiza uno de estos eventos, te lleven a cenar a algún sitio típico o te hagan un recorrido turístico por la ciudad. Esa noche, la actividad fue una especie de zoo-acuario, pero temático de fauna amazónica: tucanes, caimanes, algún jaguar… Eso sí, en la cena hubo reses, no estuvo mal. Y de vuelta al hotel, al bar, al aire acondicionado, buen whisky de malta para cerrar la velada y mi segunda y última noche.

En mis conversaciones con los demás asistentes, sobre todo los de otras oficinas en USA, la primera pregunta formal solía ser si era la primera vez que venías al lugar en cuestión. Pero esta vez no me lo preguntaban, y entonces inquirí yo. Sabedor de que estos americanos se recorren el país una y varias veces, toman aviones como quien toma el Metro en Manuel Becerra y hace trasbordo para ir a Argüelles, me sorprendió que todos me respondieran que nunca antes habían estado en Dallas. “No hay nada que ver aquí”, corroboraban.

Bueno, doy por hecho que Rudy es un profesional que se presenta allí para aprovechar la oportunidad que se le ha presentado. Y que en temporada pasará la mayor parte de su tiempo entrenando o de viaje, y que en los escasos ratos de ocio sus nuevos colegas Dirk o Rodrigue sabrán aconsejarle, guiarle, acompañarle. Pero yo ya le he advertido. Eso sí, para ser justo con todo, decir que durante mi breve estancia, los compañeros de Dallas se portaron en todo momento de diez. Ellos ya sabían donde viven, pensé, y ni tenían la culpa ni la tenía yo.

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