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Pívot nuevo en la oficina

Serge Ibaka./ Getty Images

Imagínese que un día su jefe le anuncia que a la empresa va a llegar un trabajador con gran experiencia y un excepcional currículum vitae a ocupar su puesto. Después, le tranquiliza diciéndole que, de momento, no le va a despedir porque el nuevo fichaje llega con un contrato de tiempo limitado y es muy probable que en unas semanas se tenga que ir.

Usted asume que el nuevo va a desempeñar sus funciones durante ese tiempo y que no le quedará más remedio que seguir rindiendo al máximo en tareas secundarias para poder recuperar su estatus anterior cuando el “fenómeno” se vaya.

Por otra parte, todos los clientes y socios de la empresa celebran la contratación del nuevo trabajador, que ofrece un futuro más que brillante a la compañía por un tiempo indeterminado y además le otorga una gran repercusión en los medios de comunicación. La competencia no lo celebra tanto, claro.

Mientras tanto, los miedos empiezan a rondar su cabeza: “¿Y si todo va demasiado bien en la empresa con el nuevo y las cosas se tuercen cuando se vaya? ¿Y si me culpan a mí?”. Pese a que reconoce la calidad del nuevo compañero de oficina, usted se siente frustrado porque cree que ha hecho méritos suficientes para desempeñar el puesto que viene ocupando y eso le quema por dentro.

Usted sigue dándole vueltas al asunto y tras cada jornada laboral se relaja en su casa intentando ver el futuro con optimismo y esperando que al nuevo lo llamen pronto para ir a trabajar a Oklahoma, por decir un lugar al azar…

@marcrampas

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Fecha | 25.10.2011 13:05

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