Cargando Cargando...

Por qué soy tan verde

Boston Celtics - 1984./ Getty Images

No se trata de una salida de armario, porque los que bien me conocen saben que, hablando de la mejor liga del mundo, soy completamente verde. Todo comportamiento y preferencia humana tiene su causalidad, su motivación, sus antecedentes. Pero vamos, no hace falta que venga Freud a verme. Ya se lo explico a ustedes aquí mismo.

A ver, uno nació y creció en esto del baloncesto con la genialidad colectiva de los equipos yugoslavos; con el talento bruto en cantidades industriales de los soviéticos; con la competitividad y la seriedad táctica de los italianos; con la velocidad y el genio de los españoles. Y por supuesto, con aquel Real Madrid tenaz, brillante e irreductiblemente ganador de los setenta y ochenta.

Cuando empecé a ver partidos de la NBA –alguno que esporádicamente se emitía en diferido los veranos y luego ya a partir del boom de 1984-, aquello me superaba. Sí, el showtime, espectacular, dinámico, portentoso y poderoso. Lo que quieran, pero me sentía extraño. Era un cambio demasiado radical para mí, me daba vértigo. Era el mejor baloncesto, no cabe duda, pero no se parecía a “mi” baloncesto. Es como el italiano que viaja y descubre la suculenta gastronomía de otros países. Sí, muy bueno pero ¿y mi pizza?

Darrell Walker (New York Knicks) frente a Danny Ainge y Larry Bird (Boston Celtics)./ Getty Images

Y entonces me encuentro con los Boston Celtics. Un EQUIPO. Velocidad controlada, más juego estático, sistemas de ataque. Tiraban de lejos. Frivolités –que diría Díaz Miguel- pero en las dosis justas, como el punto de sal. Geniales, pero siempre al servicio del marcador. Como mis yugoslavos. Como mis soviéticos (con perdón), hasta como mis italianos (más perdón todavía). Pero claro, encima mucho mejores que todos. Y ganadores, los que más de la NBA. Entonces eran… claro, el Real Madrid de allí. No se hable más, mi equipo. Al verde no me iba a costar acostumbrarme, adoro Irlanda. Y como todos van de blanco cuando juegan en casa…

Fui feliz cuando vinieron a jugar el segundo torneo McDonald’s. Fui a ver a Larry Bird, que firmaba autógrafos en el Corte Inglés. Con reconocerle de lejos ya me conformaba, ¡qué grande! Y se enfrentaron al Real Madrid en la final. Con su cinco titular intransferible. Y sólo nos ganaron de 15 –o ganamos de 15, según se mire, claro. Bueno, ya estaban empezando la cuesta abajo pero seguían siendo enormes. Pep Cargol se marcó dos entradas siderales en las narices de Robert Parish. A la tercera que intentó, “todo se me hizo verde” según dijo después.

Larry Bird #33 of the Boston Celtics goes up to block a shot against the Real Madrid  during the 1988 McDonald's Open circa 1988 in Madrid, Spain

Cuando ya maduré, vencí mis prejuicios pueriles y ya asimilé toda la esencia de la mejor liga del mundo, con la que sigo disfrutando hasta hoy. Pero sigo siendo verde. Mira que han cambiado respecto de los que conocí, pero siguen teniendo su sello. Más colectivos que ninguno, levantando la cabeza cuando llevan el balón –Rondo– , impecables en el lanzamiento exterior –Allen– y garra, espíritu competitivo y ganador, fíjense en Paul Pierce.

Estos años, con la llegada de Pau Gasol a L.A., no niego que me han invadido las dudas, he tenido mis conflictos, mis dilemas. Mis contradicciones. Pero las he ido sobrellevando con dignidad, he sabido manejar prioridades y compatibilizar las pasiones. Sin dejar de ser verde. Eso nunca.

@EnriquedePablo

Consulta los partidos de tu equipo: Calendario de los Boston Celtics

Continúa la conversación: Foro de los Boston Celtics

  Compartir en Facebook
Fecha | 25.07.2011 16:57

Recomendamos