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Seattle: I´m still alive

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Un aficionado de los Sonics despliega un cartel con un mensaje en un partido de esta temporada entre Deven y Oklahoma./Getty

13 de abril de 2008, Key Arena, Seattle. Los Sonics cierran con victoria sobre Dallas una temporada gris de balance 20-62. Pese a ello, los grandes números de un incipiente Kevin Durant (Rookie del año) hacen soñar a los aficionados locales con la posibilidad de volver a ser un equipo competitivo de la Conferencia Oeste. Error. Este será el último partido del equipo en la ciudad. Dos años antes, un grupo financiero encabezado por Clayton Bennett y radicado en Oklahoma City se hacía con el control del club al abonar aproximadamente 350 millones de dólares a Howard Schultz, controvertido director ejecutivo de Starbucks. Mientras el empresario local bajaba en popularidad, Bennett negociaba con la ciudad de Seattle una jugosa subvención para construir un nuevo pabellón. Después de no conseguirlo y de recibir el ok del comisionado de la NBA, David Stern, los Sonics cambiaban el `Evergreen State´ por el `Sooner State´. Pese a las constantes muestras de desacuerdo de los ciudadanos de Seattle, el equipo viajaba a Oklahoma City, incluido el trofeo de campeón del año 1979 o las camisetas retiradas de jugadores míticos como Nate McMillan y compañía. Cuarenta y un años de historia volaban de la ciudad del grunge dejando atrás recuerdos imborrables.

Seattle, ciudad protesta
Desde que a finales de 1999 se desataran las protestas contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, la ciudad se convierte en referente mundial del movimiento antiglobalización. Quizás por esto, sus ciudadanos toman conciencia y durante todo el proceso de traslado a Oklahoma City. Sus voces llegan a los medios de comunicación de la ciudad y de todo el estado de Washington. Bajo el nombre de `Save our Sonics and Storm’ (posteriormente desaparecería Storm*) nace un movimiento popular que fue capaz de llevar más de tres mil personas al Tribunal Federal en Seattle para intentar presionar a ambas partes. El documental `Sonicsgate- Requiem for a team´ plasmaría el sentir de los aficionados al baloncesto de una ciudad que vive bajo una permanente nube gris, pero que es la número uno en cuanto a movimientos cívicos y asociacionismo. Galardonado con numerosos premios de festivales independientes, muestra la realidad de todo el proceso de venta, dejando en evidencia a los implicados, tanto políticos de la ciudad como el grupo de empresarios que llevaron a cabo la compra. George Karl o Gary Payton son algunos de los personajes que aparecen en él.

Seattle Storm
Aunque a priori fue incluido en la venta del equipo masculino, las vigentes campeonas de la WNBA se mantuvieron en Seattle gracias a la iniciativa del Force 10 Hoops LLC, un grupo formado por empresarias de prestigio que lideraron un movimiento en pro de la mujer y las posibilidades de esta de poder competir a todos los niveles. Aproximadamente diez millones de dólares fueron suficientes para retener al equipo, el único a nivel profesional que a día de hoy disputa sus partidos como local en el Key Arena. Con una media de espectadores cercana a los diez mil (tomen nota en la ACB…), su graderío alto se encuentra tapado por unas lonas que antaño ocuparon los aficionados de los Sonics. Los Payton, Kemp o Ray Allen han sido sustituidos por Lauren Jackson, Sue Bird o Swin Cash, auténticas heroínas del deporte de la ciudad.

¿NBA en Seattle de nuevo?
Las opciones de que vuelvan los Sonics a la NBA como tal pasarían por desmantelar los Thunders de Oklahoma City, algo que a día de hoy parece inviable. La opción que toma más fuerza es la de un movimiento desde Nueva Orleans o Sacramento, a la vez que se baraja la posibilidad desde altas esferas estatales de la construcción de un moderno recinto deportivo que albergaría a la franquicia. Empresas punteras a nivel mundial radicadas en Seattle y su área de influencia como Microsoft, Boeing o Starbucks podrían ser claves en esa inversión de carácter privado y público en beneficio de la comunidad. ¿Falsas esperanzas, brindis al sol? La resignada afición verde todavía mantiene el sueño de volver a disfrutar de la NBA en su ciudad. Eddie Vedder, cantante del mítico grupo Pearl Jam lo decía en la que probablemente sea la mejor canción del grupo fetiche del grunge de los noventa (si exceptuamos, obviamente, a Nirvana): I´m still alive…

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