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Sin olvidar a Lorenzen Wright

Pau Gasol y Lorenzen Wright./ Getty Images

Somos esclavos de las efemérides. Pareciera como si sólo en los aniversarios, los personajes de la mente colectiva merecieran ser recordados. Hoy hace diez años del debut en la NBA de Pau Gasol. Aquello supuso mucho, tanto en acto como luego en potencia. Uno de los hombres de los que más aprendió yace hoy en el Calvary Cemetery de su Memphis. “Es mucho mejor de lo que pensaba, le he dicho que juegue como si estuviera en casa” le aconsejaba aquel del que Pau aprendió más en su primer año. “Cuando coja más fuerza nadie querrá enfrentarse a él” vaticinó. Y acertó.

Hace ya más de un año de su muerte, y por una efeméride u otra, aunque no sea la suya, le quiero recordar. Este fue Lorenzen Wright.

Lorenzen nació el 4 de noviembre de 1975. Bien podría ser esta la primera oración de una historia turbulenta, con una infancia dura y un camino tortuoso. Pero no lo es. Y no lo es por, probablemente, la perenne sonrisa que Wright llevaba siempre en su rostro. Nació en Memphis, Tennessee, y allí jugó en high school, NCAA y NBA. Siempre cerca de los suyos.

No obstante, su debut como profesional no fue en la tierra de Elvis, sino en Los Angeles. Los Clippers le seleccionaron en el puesto siete del draft de 1996, y tres años después sería traspasado a los Atlanta Hawks. Mientras jugaba en la ciudad de la Coca-Cola, Wright demostró que aquella sonrisa no era una caricatura falsa, y unió fuerzas con Todd Day, Penny Hardaway y Elliot Perry, jugadores de Memphis, para donar 10.000 dólares al joven Travis Butler, un niño de 9 años de la ciudad que convivió durante un mes con el cuerpo de su difunta madre por miedo a que fuese dado en acogida.

Lorenzen Wright./ Getty ImagesFue en 2001, junto a Pau Gasol, cuando llegó a Memphis. Como si su designio fuera tal, le era imposible desvincularse de su ciudad, de su amor. En marzo de 2003, su hija recién nacida Simone falleció, y creó en su recuerdo el Sierra Simone Wright Scholarship Fund, una beca que ayudaba a chavales de la ciudad pagando el material necesario para el instituto y también la matrícula para asistir a la Universidad de Memphis.

Sus buenas acciones no solían tener especial repercusión, quizás porque su juego tampoco lo tuvo. Era un luchador, un gregario. Uno de esos hombres sin los que el baloncesto, o la misma vida, se desmoronaría. Tras dos breves temporadas en Sacramento y Cleveland, Lorenzen Wright se retiraría en 2009 con 793 partidos a sus espaldas y unos nada deleznables promedios de 8 puntos y 6.3 rebotes por noche.

En julio de 2010, probablemente el 19, fallecía tras ser víctima de un robo en un área boscosa de Callis Cutoff Road. Un día antes había dejado a su mujer y sus cinco hijos en su casa de Collierville, Tennessee. Su familia rellenó el informe de personas perdidas el 22 de julio. El 28, la policía encontraría su cuerpo sin vida. Antes de recibir los disparos de la maldita muerte, fue capaz de llamar al 911 pero no de hablar; al otro lado sólo escucharían los balazos del infortunio. “Lloré. Perdemos a una gran persona y a un mejor hermano” declaraba horas después del hallazgo Penny Hardaway, uno de sus mejores amigos.

De eso hace más de un año. Del debut de Pau, diez. Son efemérides. Hay que recordarlas. Pero no sólo el aniversario, sino a la persona. A Lorenzen Wright.

FOTOGALERÍA: Lorenzen y Pau, las dos torres de Memphis

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Fecha | 01.11.2011 12:21

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