Cargando Cargando...

Soñar con Rose

Derrick Rose./ Getty Images

Soñé que Derrick Rose se despertó iluminado. Posó los pies en el suelo y supo que no era un día cualquiera. Dios decía claramente: “Levántate y anda”. Se pasó horas mirando los muebles de casa a velocidad de floración. Echó un vistazo por la ventana. Siguió pensando en sus cosas, paseando sobre sus pies y sus rodillas. Llamó a Thibs y a Gar Forman. Les dijo que era martes y quería jugar. Le preguntaron si se sentía bien. Rose contestó que ni mejor ni peor que antes, que simplemente estaba listo. Preguntaron si estaba seguro. Él les dio los buenos días y les dijo que los vería en el entreno de la mañana. Por la noche había partido de Playoffs y por alguna razón Derrick Rose había encontrado el botón oculto de su cabeza, más bien de su alma. Soñé y soñé muy fuerte, pero no recuerdo muy bien qué suerte corrieron los Bulls. Sólo soy capaz de rescatar la imagen nebulosa del mejor base del mundo vestido otra vez de rojo, saltando de nuevo sobre los hombros del mundo.

Cuando desperté allí estaba Chris Paul, de talla gigantesca. Martirizaba a los Memphis Grizzlies haciéndolo todo y haciéndolo bien, controlando el tempo, tirando de fuera, penetrando de cine, y por si fuera poco, anotando los tiros ganadores en los segundos finales. Sin duda había crecido mucho desde que llegara a los Hornets en 2005, cuando sólo era un niño. Ahora controlaba el paso de los exultantes Clippers y ningún base parecía alcanzar su nivel. Por su parte, Chicago se jugaba las papas contra Brooklyn. Era un cruce cerrado que el equipo del United Center se esforzaba por ganar con todo, y donde muchos pronosticaban su derrota. Y la verdad es que en mi sueño les iba mejor, porque tenían a Derrick Rose. La defensa de perímetro era exuberante. Era un equipo más atlético. Deron Williams tenía delante a un rival que realmente le ponía en apuros. Y por si fuera poco, Chicago era otra vez un gran contender de la Conferencia Este y de la liga en general, con incluso posibilidades, decían, de discutir el reinado de los Miami Heat.

Cosas de sueños, seguramente. Pero pensándolo bien el escenario se parecía bastante a la realidad cercana, al pasado reciente. En la primavera de 2012 sólo la rodilla de Derrick Rose arruinó de golpe las opciones de los Bulls, que se tasaban como altísimas, rayanas en el anillo. Al curso siguiente el equipo de Thibodeau se acostumbró a jugar sin su estrella y apuntaló un nivel estimable y orgulloso. Noah y Boozer dieron un paso adelante en esa 12/13. Butler y Gibson siguieron creciendo. Nate Robinson encendía las calderas. Llegaron a postemporada como quintos del Este -con la misma marca que los Lakers, por cierto (45/37)- y sobre todo con la eterna letanía del regreso que nunca era. Rose no cumplía su calendario y llevaba semanas envuelto en rumores. Al parecer, el alta médica no era suficiente. “No estoy preparado mentalmente (…) Sólo Dios sabe cuándo volveré”. Por su parte, Thibodeau aseguraba el 20 de abril que era realmente improbable que Rose reapareciera este año, aunque no cerraba del todo la puerta. “Nunca sabes lo que puede ocurrir”. Fue pesimista pero no del todo tajante, por lo que yo me puse a imaginar como loco. Y supongo que por ahí se me filtraron los sueños, que son gratis pero a la vez cuestan una fortuna, y los míos no eran precisamente pequeños.

@CarlosZumer

Consulta los partidos de tu equipo: Calendario de los Chicago Bulls

Continúa la conversación: Foro de los Chicago Bulls

  Compartir en Facebook
Fecha | 23.04.2013 18:08

Recomendamos