Euroliga

Spaghetti Basket (y IV): Hasta que llegó su hora

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Nicolas Batum, jugador del SLUC Nancy / Foto: www.sluc-basket.fr

Hasta que llegó su hora, Rudy Fernández habrá jugado unos pocos partidos oficiales con el Real Madrid, que le habrán servido para encandilar a una afición que llevaba años, quizá desde tiempos de Bullock, esperando a alguien con carisma que les devolviera la ilusión y la esperanza, muy lastrada tras el paso del Sheriff Messina. Asimismo, el equipo ha ganado un referente en la cancha sobre el que no sólo descargar la responsabilidad de disparar en los momentos importantes, sino que además, estando él, todos juegan más liberados y el perímetro blanco funciona a discreción incluso cuando el propio Rudy -léase Charles Bronson-se toma sus minutos para sentarse a tocar la armónica.

Hasta que llegó su hora, Andrei Kirilenko habrá liderado a un CSKA imperial cuya caballería asola todo lo que pisa. Sin necesidad de prodigarse a mansalva, paseando su esbelta e imponente estampa de jinete pálido de las praderas rusas, sumando las muescas justas y necesarias para que su equipo pase por el gran favorito para llevarse todo el oro de esta Euroliga.

Hasta que llegó su hora, Nicolas Batum habrá transformado el pequeño poblado de Nancy en toda una ciudad fortificada, inexpugnable hasta para forasteros intrépidos como el Bitzkaia Bilbao Basket, que venía de hacer morder el polvo nada menos que a una cuadrilla de pistoleros de leyenda como Olympiacos. Con 26 puntos y 36 de valoración, el francés se ha erigido en el MVP de la segunda jornada europea.

Hasta que llegó su hora, a Serge Ibaka le habrá dado tiempo a ser presentado, a decir lo ilusionado que está con jugar el Real Madrid, y bueno, a poner un tapón y coger un rebote en los algo más de tres minutos de su precipitado debut. Ni sus tabletas desenfundar podrá para gloria de esa hinchada femenina, que tendrá que seguir conformándose con llegarse hasta el rancho de la Castellana a ver las de Cristiano, sabiendo que ya no las enseña así como así. Serán cosas del capataz que ahora manda por allí.

Hasta que llegó su hora, la irreductible banda del general Kobe y sus forajidos de ensueño apenas habrá pisado Puerto Rico para darse un divertimento de rodeo con reses domésticas. Llevan dos meses haciendo guiños a diestro y siniestro, pero asaltar las cantinas con pistolas de fogueo no les satisface tanto, sobre todo si además no les dejan hacer saltar la banca.

Pero el millonario Morton les va a llamar pronto a filas y todos tendrán que volver. Es la Ley. Y se presume que todos la van a cumplir sin rechistar, no va a hacer ni falta que envíen a Henry Fonda ni a ningún otro a sueldo para hacer pagar a uno por uno lo que tienen comprometido con su patrón. Despechada de todos, a la pobre Claudia Cardinale no le quedará otra que volver a su vida de porca miseria, como a tantos aficionados europeos que tanto han soñado estos meses.

Sólo nos queda un paralelismo para la esperanza. O para la esperanza de algunos. Para rodar aquel film, a Sergio Leone le dieron un presupuesto mucho más decente que para sus anteriores Spaghetti Western. Y con ello pudo permitirse ir a rodar al legendario Monument Valley del desierto de Arizona, donde sucedían –no se filmaban- las de John Ford. Pero amigo, una vez empezada la faena prefirió volver a Almería, a ese desierto de Tabernes que era su talismán, y la escena de la contienda en la estación tuvo lugar en los alrededores de Guadix, en Graná. Es decir, que cabe esperar algún hipotético viaje de vuelta. “Rudy quédate” coreaban en la Caja Mágica. “Rudy vuelve ya” sonará en breve, ya lo verán.

Hasta que llegó su hora se llamó en España, pero el film se tituló originalmente C’era una volta il West en italiano, esto es, Once Upon a Time in the West para los americanos. Así que nos viene que ni pintando para cerrar este serie en la que hemos venido a contar, a nuestra manera y desde nuestro prisma, este Once Upon a Time the Lockout que parece está próximo a terminar. Durante estas semanas hemos intentado recrear algunos títulos míticos de aquel género, y me dirán que me he dejado uno de referencia. Cierto, pero muy obvio es que en este asunto todo, absolutamente todo, tenía un precio. ¿O no?

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