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Duncan: Un clásico moderno

Tim Duncan bajo el aro./Getty

Cuando el músculo comenzaba a ser una herramienta casi indispensable en la NBA. Cuando los jugadores interiores habían olvidado a tirar desde lejos y usar la cabeza. Cuando la liga intuía la marcha de Jordan y se quedarían sin estrellas de verdad, apareció él. Alto, muy desgarbado y con cara de buen chico. Tim Duncan era el hombre que inspiraría a los futuros gigantes de la NBA. Convertirse en prototipo y modelo para las generaciones venideras está al alcance de muy pocos.

Aterrizaba un tipo que al gimnasio sólo pasaba por delante y que las pesas las usaba para que no se cerrasen las puertas por la corriente. Su planta era (y es) la de un jugador de la década de los 70 y su juego es un tuttifruti de lo clásico y lo moderno. Y todo ello dentro de un cuerpo de 2 metros y 11 centímetros. Como diría el gran Montes: Siglo XXI Duncan. Un apodo que le define perfectamente. Todo lo bueno de lo vintage y del futuro.

En Wake Forest ya se le veían cosas de fenómeno pero, claro, la NBA es otra película. Y compartir cancha con David Robinson, también. Pues le dio complemente igual porque Duncan parecía entenderlo todo como si jugara en los Spurs desde hacía 10 años. Pero era rookie. En uno de los primeros balones que cogía, se da la vuelta, mira al aro y lanza a tabla. Él lo vive con normalidad pero los aficionados se vuelven locos. Verle levantarse con el balón en las manos y lanzar apoyándose en el cristal es arte clásico con indumentario del siglo XXI.

Ganó su primer anillo en la temporada más corta de la historia. Luego, algunos más demostrando que no es indispensable ser un guerrero musculoso para triunfar. Con el cerebro y unas buenas manos es suficiente. Puede que sufriera contra gente más fuerte que él pero cuando él tenía la bola, el via crucis era para su rival. Y qué sufrimiento. Desde lejos las mete, cerca del aro también pero hay que cubrir el pase porque Duncan mueve el balón como los ángeles. Bota y bota, encara, reverso, gancho, cantas. Siempre canasta, siempre clásico, siempre Duncan.

Pasan los años y su cuerpo lo ha notado. Puede que no sea tan rápido y puede también que no anote lo que antaño pero lo único claro es que cada vez que tiene el balón pasan cosas. Esa virtud es muy difícil de poseer y de manera innata, más si cabe. Pues en Duncan todo parece eso, natural. Que un tipo tan alto sea tan natural al botar el balón, al lanzar, al machacar etc… eso es arte. Es belleza.

Todos los que le admiramos y respetamos sabemos que le queda poco tiempo en la NBA. Hay que disfrutar al máximo de cada partido en el que Tim Duncan esté presente. Paladear cada canasta a tabla, cada reverso con gancho, cada pase y cada gesto. Sabe que esto se acaba y que se hace mayor pero Duncan ha pasado de ser un joven triunfador atractivo a un madurito interesante. La inmortalidad ya la tiene ganada porque siempre hablaremos de él. Nuestra admiración es tuya.

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Autor | Inaki-Cano
Fecha | 06.08.2011 16:52

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