Reportaje

Todos contra Miami

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Lebron James y Dirk Nowittzki, frente a frente en las Finales 2011./ Getty Images

Hace siete meses comenzaba la temporada regular de la NBA aún con el estruendo de las palabras de LeBron James (aquel mítico “I’m taking my talents to South Beach”) flotando en el ambiente. La llegada del alero a la franquicia de Miami, junto a la incorporación de Chris Bosh y la presencia de Dwyane Wade, convertían a los Heat en el claro enemigo público número uno, y en el principal rival a batir.

Y todo eso sin demostrar por entonces nada en la pista. La suma de egos (uno principalmente, el de James) ya les granjeaba cierto rechazo. Ahora, llegado el equipo a las Finales, ese sentimiento ha aumentado exponencialmente.
Muchos analistas avanzaron que durante la primera campaña juntos el “Big Three” no ofrecería su máximo potencial, y en varios momentos de la temporada tal vez pudo ser así. Llevó un tiempo el que los jugadores asumieran sus roles y se aclimataran a los esquemas de Spoelstra, pero llegado el momento cumbre de la temporada, las eliminatorias por el título, los Heat han ofrecido una imagen inmejorable, bestial en ataque y, sorprendentemente, abrumadora en defensa.

Miami parte para la mayoría como favorito al anillo. Pero si hay un equipo capaz de frenar esta maquinaria perfectamente engrasada que son los Heat, ese es Dallas. Posiblemente la plantilla más completa y profunda de la liga, y eso que Caron Butler no podrá participar en las Finales por lesión.

Los Mavericks ganaron los dos duelos frente a Miami en la temporada regular. Poseen posiblemente al jugador más en forma de la Liga (Dirk Nowitzki), con permiso del propio James. Jason Kidd, a sus 38 años, está de dulce y puede ser decisivo desde su posición, posiblemente la más descuidada (junto a la de cinco) de los de Florida.

Más factores: el pilar defensivo de DeShawn Stevenson, perfecto para tratar de frenar a Wade. El multiusos Shawn Marion, un dechado de versatilidad. Los rifles exteriores de Jason Terry y Peja Stojakovic, mortíferos desde hace semanas. La velocidad de José Juan Barea, al que se le podría atribuir la autoría de la barrida a los Lakers. Y, finalmente, la presencia y contundencia de Tyson Chandler bajo aros.

Vistos estos argumentos yo también me decanto por Miami. A su favor cuentan con la ventaja de campo. La serie comenzará con dos partidos en su campo y, si fuera necesario, concluirá con otros dos encuentros en sus dominios. Entretanto, Dallas sueña con asaltar el inexpugnable feudo que es el pabellón de los Heat, donde no han perdido un solo partido en estas eliminatorias por el título.

Miami-Dallas. Reedición de las Finales de 2006, ganadas por los de Wade. Nowitzki y James, a por su primer anillo. Para el alemán, quién sabe si una de las últimas ocasiones que dispondrá para lograrlo. Para el “rey”, la segunda en su carrera (Spurs-Cavs, 2007). La primera en Miami. La primera de, me atrevo a decir, muchas por venir. El futuro está aquí.

EL SCOUTING:
Miami Heat, tres más dos
Dallas Mavericks, un cinco coral

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