Atlanta Hawks

Todos los gallos menos Chicago

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Derrick Rose./ Getty Images

Playoffs NBA, primera ronda:

El martillo de la temporada del lockout –asterisco, segunda parte- no cesó en postemporada. En la estela del rush de Playoffs siguieron cayendo lesionados y los acontecimientos se sucedieron a velocidad de vértigo. No habían terminado los cuartos cuando ya empezaron las semis. Rápidos como el rayo dieron buena cuenta de sus series los todofavoritos occidentales San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder. Sus 4-0 respectivos han sido y son una inversión sin apenas riesgo de pérdida, sin agravio para los heterogéneos vigentes campeones Dallas Mavericks ni para los voluntariosos Utah Jazz, que no lograron perder ninguno de los cuatro partidos por menos de seis puntos.

Por su parte, el Staples albergó los dos únicos cruces que necesitaron del postrero séptimo partido. Los Lakers fueron fieles a la tradición e hicieron la suya, la de desperdiciar en el último cuarto una ventaja de más diecisiete, por ejemplo, sólo que en versión Playoffs al mejor de siete: lideraban 3-1 para luego perder dos seguidos, incluido el doloroso 102-99 en casa por el que George Karl, con razón, estaba “loco de contento”. Al final lo solventaron en el game seven, también en el Staples, pero quedó la sensación de que los Nuggets se habían subido a las barbas, como niños revoltosos, de un señor que no es tal.

Chris Paul./ Getty Images

Mientras, los lustrosos Clippers sufrían de lo lindo para apear a los Memphis Grizzlies. No es que el equipo de Del Negro fuera claramente favorito en la serie, pero las prestaciones mostradas por el segundo equipo de Los Ángeles –Regular Season dixit– no se corresponden en absoluto con las campanillas que los rodeaban en diciembre. Sin duda la baja forma de Randolph y Conley son algunas de las claves que esbozan el limitado rendimiento de unos Grizzlies que sólo son cuando hallan esa armonía coral –dentro/fuera- que defenestró el año pasado a los Spurs. La estrepistosa derrota en el primer partido, cuando desaprovecharon en casa una ventaja de más de veinte puntos, marcó sin remedio el plano psicológico de toda la serie. Chris Paul, por su parte, se encargó de marcar las diferencias.

En el Este la vida ha transcurrido por cauces más tranquilos si exceptuamos la tragedia de Chicago. Los precedentes de equipos con mejor balance de la liga que caen en primera ronda exceptúan dramas protagonizados por lesiones y otras desgracias. La realidad es que los Bulls se han diluido bajo la depresión de perder a su chico maravilla, Derrick Rose, y a la sangre de su corazón interior, Joakim Noah, acaso el termómetro de intensidad de los Bulls. En todo caso, ningún pero que poner a los Sixers: la impresionante defensa que los puso de moda en invierno –después se hundieron hasta hacer peligrar su presencia en Playoffs- les ha llevado a superar con un muy meritorio 4-2 a Chicago, mermados, por supuesto, pero que no dejaban de ser el equipo de Thibodeau que apabulló durante meses. Particularmente, la brillante rotación de FiladelfiaLou Williams, Young, Hawes, Turner– se antoja que ha sido cuestión fundamental.

Rajon Rondo y Jeff Teague./ Getty ImagesY mientras Boston sacó todo su orgullo. Nadie daba un duro por ellos pero acabaron clasificándose como cuarto mejor equipo de su conferencia, ganando un cruce factible con unos Hawks que definitivamente no echan a volar. Va siendo hora de decir que Doc Rivers es el mejor entrenador del Este y que Rondo seguirá llevando la contraria a todos sus detractores a base de triples-dobles –ya es el quinto mejor jugador de la historia en Playoffs en este apartado-. Un día quizá será el mejor base de la liga y todavía le seguirán flotando.

En globo va a salir Van Gundy de Orlando, un entrenador que dio unas Finales a los Magic pero que va a acabar su andadura en la franquicia de Florida saliendo por la puerta de atrás. Dwight Howard, atrapado por momentos en un culebrón carmeliano o lebroniano, se encargó de enseñarle amablemente la salida a su coach, como hicieron los pétreos Pacers ante estos Magic desvencijados y mustios. Ni siquiera la estimulante presencia de Ryan Anderson pudo evitar el rotundo 4-1, un fracaso con el que tiene bastante que ver, por supuesto, la pérdida por ligamentos de Howard. Mucho cuidado con Indiana en semis.

Por último, la serie de los Knicks contra Miami era la crónica de una muerte anunciada. El orgullo de Carmelo –y sus 25 tiros por partido- arañaron una victoria en el Madison que salvó una pizca de honrilla para los knickerbockers pero que no los mueve ni un milímetro del estado catatónico en el que están. La velocidad de crucero de los Heat de LeBron –tres veces rey y ninguna emperador- era mucho más de lo que la pandillita del pobre Mike Woodson podría soportar. ¿De qué ha servido romper la famosa estadística de ningún partido ganado en Playoffs durante más de una década? De nada. Rota la maldición, bienvenidos a la realidad.

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