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Un deporte hecho a base de detalles

Dirk Nowitzki recibe las felicitación de sus incondicionales camino del vestuario./Getty

Aquellas pequeñas cosas, que cantaba Serrat cuando cantaba… Son importantes, no cabe duda. Pregúntale a tu novia si son importantes. O acuérdate de ellos cuando te deje. O que se lo digan a Carlisle cuando vea ahora a Barea marcando las diferencias…

Hoy es un día en el que cualquier analista de la NBA que quiera quedar bien dirá que los Mavs son un equipo muy completo, que juegan en una de sus últimas posibilidades de alcanzar la gloria, por lo que tienen un extra de motivación, que Nowitzki es el mejor alero alto de la liga, que Terry es un seguro de vida, que Jason Kidd es un base impresionante… Pero yo sigo pensando que la situación de Dallas es una sorpresa. Lo es por el gran rendimiento de Barea, de Marion o del propio Kidd, un base por el que, con su edad, nadie apostaba a comienzo de liga. De la misma manera, nadie en su sano juicio podría decir que el proyecto de Miami es malo.

Juntar en un equipo a tres de los mejores jugadores del mundo es una apuesta arriesgada en lo económico, pero aquel que dijera que es una manera de desarrollar un proyecto demasiado ostentosa pero sin fundamentos, está equivocado. Lebron James, al que todos odian pero del que todos miran los videos en Youtube, es el mejor jugador del mundo. El más desequilibrante, el que es capaz de llevar a una franquicia como Cleveland a unas finales pese a contar como máximos apoyos en el equipo a Larry Hughes y Gooden. Un jugador total que es capaz de estar a punto de promediar un triple doble por partido (este año, casi 27 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias por partido, una locura pese a ser su primera temporada en Miami). La palabra ‘completo’ es la que le define, por encima de explosivo o de espectacular. Los datos no mienten. Además, y pese a lo que se suele decir, junto a Lebron, Bosh y Wade hay gente interesante. No es precisamente un equipo de 3 personas. Es un proyecto hecho para ganar títulos, ni más ni menos.

Pero como el deporte está hecho de detalles, hay uno que me ha llamado la atención estos días. Tras el primer partido como profesional en la NBA, después de anotar 25 puntos, repartir 9 asistencias y coger 6 rebotes frente a los Kings, Lebron no dudó un segundo en responder a la pregunta de a qué jugador se quería parecer: a Jason Kidd, dijo. No dijo a Michael Jordan.

Supongo que son esos detalles los que son capaces de modificar el rumbo de los acontecimientos y de conseguir que existan las sorpresas.

@ssmenendez

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Fecha | 10.06.2011 13:07

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