Utah Jazz

Utah Jazz, construyendo una realidad 

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Gordon Hayward / Getty Images

Siete días separaron la indiferencia de la convicción. Un lapso que aún alejado de proporciones bíblicas, también contaba con un creador.  Alguien carente de poderes, pero rebosante de conceptos. Quin Snyder llegó a Utah Jazz como alumno aventajado, y con una idea en mente: fundar una identidad. No tardó en conseguirlo.

Hubo un antes y un después, el All-Star Weekend de 2015. Días que sirvieron tanto para dejar atrás la impotencia como para retomar la esperanza. La transformación comenzó en los despachos (la salida de Enes Kanter), continuó en el vestuario y se culminó en la cancha. Snyder había conseguido trasladar la energía y la juventud a un contexto competitivo. Eran, por fin, un equipo.

Quedaban aún dos ingredientes por determinar. El primero, la confianza, reflejada en el lenguaje corporal, en un paso adelante no sólo individual, sino colectivo. El segundo, la disciplina, representada por la mejor defensa de la NBA tras dicho evento. Ésta tenía además un protagonista especial, Rudy Gobert. La cohesión del pívot francés con Derrick Favors daría como resultado una muralla que poco a poco, se vislumbraba inexpugnable. En Salt Lake City, todo comenzaba atrás y en el rebote.

Los pilares de unos Utah Jazz renacidos

Un año después,  filosofía asentada, regularidad alcanzada y el mismo problema: el ataque. Sin un director, atrapados en un ritmo lento y aferrados a la pintura. Pese a ello, encontramos un Gordon Hayward titánico, pero obligado a tapar agujeros. Más influyente, más líder y con un socio que ha sabido aprovechar la congestión en la enfermería. A Rodney Hood el papel de ejecutor ya se le queda corto. Pero sigue faltando un generador que los catapulte, y a la espera de Dante Exum, la candidatura de Trey Burke se disipa a la par que sus minutos en pista.

Cuando la salud acompaña, el talento y las alternativas florecen. Y sin embargo, no ha sido la norma. Las lesiones han servido para distribuir responsabilidades, pero también para impedir que su progresión supere la etapa más exigente, la competitiva, y en forma de playoffs. 

Es en esa circunstancia donde se ha distinguido la versatilidad como una de las mayores carencias, y que a su vez, no puede evitar relacionarse con un sistema ofensivo aún en fase primaria. La solución, de llegar, podría llamarse Trey Lyles. Porque al final, todo conduce al mismo destino: el equilibrio. Objetivo, obstáculo y obsesión para un Quin Snyder que tiene el ingenio, pero al que le falta una pieza para completar un puzzle de solución tan cercana como ilusionante.

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