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Verdades y pareceres

Paul Shirley, en la temporada 2006 como jugador de los Wolves./Getty

Paul Shirley me parece el mejor columnista sobre la NBA de nuestro país. De hecho, uno de los tipos que mejor escribe sobre deporte, pues es capaz de dotar a sus palabras de un hilo de trascendencia curioso: puede hablar del top less de las chicas en las playas de Barcelona con la misma profundidad que puede hacerlo sobre temáticas raciales en la liga americana o sobre los peinados de los jugadores. Y en todos sus textos, serios, contradictorios, sarcásticos y llenos de mala leche, hay inteligencia y ganas de hacer pensar a quien está enfrente, algo que se agradece, pues habitualmente sus palabras no están exentas de autocrítica y de mordacidad. Cierto es que hay ocasiones en las que su descarnada ironía o su necesidad de llamar la atención con sus palabras dejan que se escape algún que otro exabrupto, pero también Mark Twain tuvo días malos.

Al respecto de las reuniones que se están celebrando para solucionar el conflicto de intereses que mantiene cerrada a cal y canto la NBA durante estos días, Shirley expone una teoría interesante: las reuniones no avanzan porque quienes están sentados ante Stern o los dueños de los equipos son jugadores, digamos, que sólo tienen mucho que ganar; es decir, la famosa clase media que Vicente del Bosque llevó al Olimpo cuando ganó una Copa de Europa con Pavón, Jaime y Helguera de columna vertebral. O lo que es lo mismo: Dereck Fisher o Maurice Evans. Según el ex jugador de los Suns, sería necesario que en esas negociaciones estuvieran sentados Kobe Bryant, Kevin Durant o Carmelo Anthony en la mesa, porque son los que más tienen que perder en el camino.

Pues bien, tengo que estar en desacuerdo con Shirley, algo que seguro le encantará, pues sus columnas están, entre otras cosas, para disentir. Supongo que, pese a que suene a topicazo, en este tipo de cosas está la diferencia entre la NBA y el resto del mundo. Allí se juega con un tipo que anota 40 puntos y con otros 8 que anotan otros 50. De tal manera, tanto haces, tanto vales, los precios por estos líderes se han disparado en los últimos años y el resto de los jugadores quiere su trozo de pastel, un poco como sucede con los repartos de los derechos televisivos en la liga de fútbol española, con las quejas de los equipos que no son el Madrid o el Barça. Por eso la negociación es tan sumamente compleja y está atascada, porque las necesidades de los integrantes de los propios bandos son distintas. Efectivamente, no es lo mismo que se siente el dueño de los Celtics que el de los Timberwolves, como no es lo mismo que se siente Lebron James que Maurice Evans. Pero he aquí mi punto de vista: está bien que sean quienes más pierden los que se sienten a negociar. Perder 10 euros no es lo mismo para quien tiene 15 que para quien tiene 15.000, y la liga, la competición a fin de cuentas, se debe ver beneficiada con más rivalidad derivada de la igualdad.

@ssmenendez

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Fecha | 04.10.2011 09:48

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