Opinión

Where Amazing Happens

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JJ Barea, uno de los mejores en los Mavs./GettyCinco son los partidos que llevamos disputados de las finales de la NBA y, la verdad, ojalá no se acabasen. Están siendo unas finales mas que vibrantes, no recuerdo una serie final tan igualada en marcadores desde aquella que jugaron Houston Rockets y New York Knicks, allá por 1994, en la que los tejanos se hicieron con el título en el séptimo encuentro y todos fueron igualados.

De momento en esta llevamos unas diferencias de mas 8 para Miami en el primero, mas 2 para Dallas en el segundo, de nuevo mas dos en el tercero pero para los de Florida, mas 3 para los tejanos en el cuarto y en el quinto, un mas 9, y porque la diferencia se amplió por los tiros libres finales. Tanto unos como otros, han conseguido que los que no querían ver a Miami ahí estén vibrando, que el hecho de que no esté de vuelta Chicago Bulls (equipo con el que crecimos toda una generación) haga mucho que no importe, y que no echemos de menos en las Finales de este año a nuestro Pau Gasol.

Además, no solo estamos teniendo finales apretados. Remontadas de 15 puntos, un tipo que no llega al metro ochenta volviendo loca a la defensa rival, un LeBron respondiendo a críticas con un triple-doble, un Wade y un Nowitzki vistiéndose de superhéroes, un duelo brutal en el interior entre Chris Bosh y Tyson Chandler… Los entrenadores están tomando buenas decisiones tácticamente, pero los partidos se juegan a merced del talento de los jugadores. El optimismo en la serie se mueve de un bando hacia el otro a cada partido; después del primer partido y tres cuartos del segundo, parecía que sería un paseo para Miami. De repente, Dallas remontó y robó el factor cancha. Cuando estaba mejor, los de Spoelstra ganaron el primer duelo en Dallas y recuperaron el factor cancha, y ahora de repente surge de nuevo Dallas ganando dos partidos y colocando un match ball a su favor que sin embargo, no quita la sensación de que Miami puede resurgir, y ganar el anillo en el séptimo.

Porque sí, ahora volvemos a Miami, con la serie mas que interesante y muchas cuestiones a resolver. Es la primera vez que el “Big Three” está con un match ball en contra, ¿cómo reaccionará? ¿Cómo se comportará ese equipo si llegan igualados a los 4 últimos minutos, sabiendo que si pierden, se acabó? ¿Le entrará el miedo a ganar a Dallas? ¿Veremos al Jason Terry de los dos últimos partidos, o el que pasó sin pena ni gloria por los dos primeros? Muchas dudas por resolver, pero hasta ahora lo que nos ha dejado claro esta final es que el lema de “Where Amazing Happens” a esta final le viene como “anillo” al dedo.

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